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TEJIDOS EN LANA DE GAVIDIA, EDO. MÉRIDA




TEJIDOS EN LANA DE GAVIDIA, EDO. MÉRIDA. 


De la ciudad de Mérida a Mucuchíes son unas tres horas de carretera, luego, desde Mucuchíes hasta Gavidia son otros 30 minutos, a velocidad de paseo.

La carretera empieza de tierra, a un lado del sector La Toma, saliendo de Mucuchíes. Opuesto a lo que se cree, en vez de ascender, el camino comienza en bajada unos 500 metros hasta el río Chama y atraviesa un pequeño puente, una vez que se pasa el puente comienza el asfalto. La carretera termina en una callejuela que da la vuelta al pueblo, en una especie de “U” que se une por un pequeño puente sobre el riachuelo, justo frente al cafetín de María Cantalicia. 

Aunque la mayoría de los hombres y mujeres ‘gavidieros’ trabajan en la agricultura, llama la atención un pequeño grupo de mujeres tejedoras que procesan la lana directamente de las ovejas que crían.
 
 María Julia Torres es una mujer de 84 años de edad, que nació y ha vivido siempre en Gavidia, bello pueblo del páramo merideño. María Julia trabaja con la lana desde los 10 años, y fue su abuelo Tomás quien le enseñó este arte. En la antigüedad era común que las familias hicieran sus propias cobijas, pues no existían tiendas donde comprarlas. La abuela de María Julia escarmenaba e hilaba la lana y su abuelo era el que tejía las cobijas.

María Julia Torres

 Hacer cobijas era considerado un trabajo casero, ya que era el único abrigo que existía en esa época, con ellas se abrigaban para dormir o salir a la calle. Éste es el origen de las chamarras, ponchos o ruanas; la diferencia era que a estos se les abría un agujero para introducir la cabeza. 

María Julia trasmitió el conocimiento de la lana a todas sus hijas y algunas vecinas: “Yo le enseñé a las muchachas a trabajar con la lana, a hilar y escarmenar la lana, a lavarla y les dije cómo hacía mi abuelo Tomás que era el que trabajaba. Él era el que tenía un telar y hacía cobijas. Pues ellas aprendieron se animaron y se pusieron a escarmenar lana, a hilar, a tejer y formaron como una cooperativa de mujeres. Y se pusieron ellas mismas y aprendieron y ahora son famosas. Ellas han andado por toda Venezuela y por otros países y hacen de todo, todo lo que piensan hacer lo hacen, con una o dos agujas a mano y en el telar, hacen de todo: cobijas, cortinas, gorros, guantes, todo.”

El grupo de las tejedoras de Gavidia se organizó a finales del año 2002 y exhibe sus prendas artesanales directamente en el pueblo.

RAFAEL MORALES - ARTISTA POPULAR




CONVERSACIÓN CON EL PINTOR
 RAFAEL MORALES MÁRQUEZ
Alexis Vázquez-Chávez

AV- Los artistas al igual que todas las personas tienen su historia, y hay circunstancias que lo conducen a la creatividad, por eso. ¿En qué momento de la vida te encuentras con el arte? Explícalo:
RM- Desde niño estuve vinculado con el arte, porque en mi familia están mi abuelo José Márquez, tallista popular; mi tío Martín Morales, artista plástico y mis padres Emiro y Maritza que son artesanos. Todos ellos muy comprometidos con el arte, y por supuesto, influyen en mi.  A partir de los doce años comencé a trabajar en el taller de mi padre, con las tallas de madera policromada, visitaba otros talleres de tallistas, tiendas de arte y galerías; esto me motivó y me hizo ser sensible ante el mundo del arte.
AV- Vemos que además de la pintura has creado tejidos y piezas de arte tridimensional como las tallas y también con la madera haces objetos utilitarios como muebles, por ejemplo, pero que no pierden la intención artística; esto indica, si no me equivoco, que hay una investigación previa ¿Es así o no? Háblanos de ello.
RM- Es así, conozco materiales como la madera, he elaborado muebles con diseños funcionales, valiéndome del sentido común. Así como la manipulación de las  fibras naturales como  la lana, el fique, entre otros, con ellos realicé tapices de gran formato. Todo esto me llevó a la pintura porque con ella daba color a estas piezas artísticas, aplicando varias técnicas, de acuerdo a los materiales utilizados. He incursionado en el arte poco a poco a través de la experiencia, estoy investigando y asesorándome para lograr con  éxito este andar.
AV- Al respecto ¿qué otras cosas de arte has hecho? y ¿qué puedes agregar para mayor información de quienes lean estas líneas?
RM- La cerámica, trabajo que aprendí con mi madre, utilizando el torno para hacer piezas utilitarias. También en algún momento hice macramé y orfebrería.  Toda esta vivencia ha sido fundamental como proceso artístico para plasmar de alguna manera en la tela, hechos relevantes de las fiestas populares de nuestra región.
AV- En esta etapa de tú vida trabajas con mayor intensidad la pintura ¿Qué técnica utilizas?
RM- La técnica utilizada es acrílico sobre tela.
AV- Sin embargo, vemos que el lenguaje que expresas en las telas se vincula a la figuración y a las tradiciones del pueblo andino, rico en colorido y la intervención de las multitudes. De allí que sería importante lo que digas en relación con la propuesta que estas creando:
RM- Sí, todo lo planteado viene de recuerdos de mi niñez, de mis vivencias al participar en las ferias y fiestas, de la alegría de la gente al concurrir masivamente a todos los actos en esta bella zona en el Valle del Mocotíes.
AV- Entonces en la pintura tienes un proyecto personal, por así decirlo, en este caso ¿cuál sería?
RM- Seguir trabajando, la constancia es muy importante, se va mejorando la técnica y la creatividad va fluyendo, van saliendo cosas sorprendentes.
AV- Bien, Rafael esta conversación puede extenderse, pero tiene mayor importancia lo que piensas y haces con la pintura. De manera que y en relación con esto ¿qué manifestarías para el conocimiento de los espectadores de tu obra? 
RM- Es la manera de rescatar las tradiciones de los pueblos, que se van perdiendo poco a poco. En mis pinceladas ofrezco al espectador un recorrido por estas fiestas y tradiciones. También involucro a los niños y jóvenes que desconocen estas manifestaciones culturales.





TOVAR - EDO. MÉRIDA
CONTACTO : 
Final carrera cuarta, sector El LLano, preguntar
tlf. 0416 1792988
rafaartepopular@gmail.com / rafael.morales2010@hotmail.com / rafaelemiro@yahoo.com



HUMBERTO RIVAS - maestro juguetero





Antes de tener pelos en la barba ya sabía que quería dedicarle la vida al jugar… Y aprendió todo lo que pudo de su mentor Javier Villafañe, aprendió de mecánica, de física, de inventar cuentos… y con el tiempo se convirtió él también en un mentor de muchos. Es así: mitad artesano, mitad mago. Mitad carpintero, mitad artista. Mitad aprendiz, mitad estudioso. Un hombre de muchas mitades, pero 100% maestro, 100% curioso.” Toti Vollmer

Humberto Rivas: “en Latinoamérica hemos aprendido a hacer de todo, con este arte”, señala con una resignación muy satisfactoria
Por Alex Vallenilla


Nada como la magia de los títeres y marionetas de Humberto Rivas, para convertir a cualquier adulto en niño, cuando presenta en algún sitio abierto o cerrado, “El circo más pequeño del mundo”, un espectáculo, de un maestro de los juguetes, con un lenguaje universal, la música, y las peripecias de los leones, las cebras, los maromeros, los monos, el lanzador de fuegos, la cuerda floja, un payaso escalador y una colorida banda musical de madera.

 Rivas convence de una vez, la banda de música hecha de madera, se mueve al compás del sonido del ambiente, propio de todo circo. El juguete implica mecanismos que mueven a los pequeños trompetistas y timbaleros de madera.

Pequeñas jaulas con animales en miniatura, diseñados por el juguetero y sus alumnos, forman una fila que muestra a niños y grandes, con una sonrisa marcada en sus caras, lo que a continuación se convierte en un episodio que lleva a todos a fusionar su imaginación con los juguetes, el trabajo histriónico de Rivas hace que todos ilusionen y vean un circo de verdad.
La delicadeza y finura de los diseños, la consabida combinación de colores, los notables contrastes y lo más importante, la mágica habilidad, con insondable maestría, de dar vida a juguetes, con el arte del titiritero, hacen de casi una hora, un momento en que las miradas y las sonrisas convierten en infante al más renegado.


Así empezó
Rivas de 51 años, aprendió este noble y particular oficio con el argentino y maestro titiritero Javier Villafañe. Éste llegó a Mérida, cuando Rivas apenas tenía 12 años. El argentino en un trabajo de investigación, hizo una recopilación de cuentos para niños, relatados por estos y publicó una obra titulada “Los cuentos que me contaron”.
“Se produjo un movimiento de titiriteros, Villafañe logró impregnar a todos, en los campos encontró un cuento, “La gallina que se volvió serpiente” y “Los cuentos de Oliva Torres”, luego, con Paulino Durán hicieron la ruta del Quijote en España, a partir de entonces, supe que debía hacer títeres y marionetas para el resto de mi vida”, cuenta el artista.
Su primer muñeco se llamó “Perico el tonto”, luego tuvo que investigar mucho para diseñar escenografías y utilerías, así como la creación de historias. Junto a ese proceso tuvo que dominar oficios como la carpintería y el tornado de madera, todo ello para construir su propio teatro de marionetas.
“Villafañe nos ayudó a instalar las salas estables, surgieron en las universidades, el Cantalicio de la UCV, el de la LUZ, que fue muy famoso con la pieza “Chimpetachampata” y nosotros que fuimos y somos los que damos vida al teatro de marionetas de la ULA, pero hoy hemos sido arrinconados, la experiencia no se ha renovado”, dijo con pesadumbre.


Rivas comenta que casi todos los titiriteros están jubilados, quedan algunos con bolsas de trabajo en los departamentos de cultura universitarios y ellos que se niegan a desaparecer; él y sus alumnos continúan su labor, sostenida con talleres de formación y los juguetes que venden, puesto que ha logrado convertir esa actividad en una forma de vida sustentable.


El circo
Cuando niño nunca podía ver un circo de verdad, sólo los que notaba en libros, la situación geográfica de su ciudad natal, Mérida, no permitía que llegaran las caravanas de cirqueros que montaban sus carpas en Barinas, “así encontré el motivo principal de mi teatro, al principio era de quince minutos, hoy ya es de una hora, se ha trabajado mucho, todos su movimientos están muy pulidos y precisados, así como la calidad de los juguetes”, dice.
Asegura que es un crítico, “los monitos dentro de la jaula yo los veo como América Latina, porque seguimos reafirmando nuestra postura política, los juguetes pueden darnos identificación y pueden enviar un mensaje que tenemos que seguir como hermanos latinos en la lucha, no es un panfleto, es la crítica, el movimiento cultural hoy tiene que tomar banderas por el calentamiento global, la contaminación y otros problemas”, señala Rivas.
El juguetero dice que Venezuela tiene enorme potencial, compara con Colombia, donde hay espectáculos de mucha calidad, “Bogotá tiene 7 millones de habitantes y tiene siete salas estables, en Mérida hay 800 mil habitantes y tenemos dos salas, no estamos mal en ese sentido, acá podemos crear mucho más”.
Su experiencia ha sido replicada en Colombia y en Caracas, incluso sus hijos, uno ingeniero y otro abogado, están construyendo sus propias versiones del circo, han logrado establecer un museo del títere, tienen 20 espectáculos distintos y una sala de expresión infantil.


Video Realizado por KLIK Productores C.A. y Zootropo Producciones. De la Serie, LAS MANOS DEL PUEBLO.


MÉRIDA - EDO. MÉRIDA
contacto:
Tienda: Av Las Americas, Sector San Juan Bautista calle 2 con Aquiles Nazoa, Casa Teatro Colibrí. Frente al Hospital Sor Juana Inés
Taller: San Jacinto, Sector Rincón Bajo, entrada a mano derecha. A 300 mts. del Conscripto.

Tlfs. : 0416 6521101/ 0416 9277923 / 0274 4170174 - 2449918

MARIO CALDERÓN - MAESTRO JUGUETERO


Mario Calderón 
Tendedor de puentes
María Elisa Espinosa  en http://www.eluniversal.com/estampas/anteriores/101206/encuentros2.shtml
¿Quién no lo ha escuchado mencionar al menos una vez en la vida cuando de juguetes se habla? ¿Cómo no reconocer sus carruseles, sus músicos, sus malabaristas y sus
submarinos amarillos? Mario Calderón ya es una marca registrada en Venezuela, aunque
no se malentienda lo que aquí se dice: en
realidad, las piezas de este músico y
juguetero, radicado en Mérida, terminan
siendo únicas para quien tiene la dicha de contar con ellas; pues en eso consiste
—o debería consistir— un juguete artesanal,
a diferencia de aquellos que se hacen uno detrás de otro y gracias al soporte de la gran industria. En ese quehacer a mano, cuidando cada detalle y creando historias que no se repitan demasiado, coincide Calderón con sus colegas, algunos de ellos sus propios maestros y muchos otros sus pupilos y seguidores. A propósito de esto, asegura no estar preocupado por el hecho de que en los últimos años le haya surgido competencia: “Siento que hay gente muy buena y muy importante en este noble oficio de hacer juguetes. Lo que sí podría decir es que yo serví de puente para abrir el espacio al juguete, para que fuera visto más allá de un objeto para entretener a un niño”. Inevitable, entonces, contar cómo fue que salieron los primeros maderos para armar ese camino hacia la reivindicación de la creatividad que se genera en el taller de un artesano, o cómo fue que las circunstancias llevaron a Mario Calderón a convertirse en una versión criolla de Gepetto. 

“Yo tengo cerca de 25 años en esto, pero en el momento en que decidí ponerme a hacer juguetes no tenía ni idea de que iba a ser un hacedor de juguetes. Todo surgió a raíz de Pilar Cabrera, una pareja que tuve, con quien conocí en Rubio la tienda de Elisa Ostos, que resultó ser una mina de juguetes. Nos hicimos asiduos visitantes de esa tienda y en uno de esos viajes Pilar me planteó que nos pusiéramos a hacer juguetes de madera. Así empezamos, pero poco después ella muere en un accidente. Tras eso, decido que en lugar de llorarla, mejor era tratar de construir eso que habíamos soñado, y es cuando decido convertirme en un hacedor de juguetes”.

 Así nació en 1990 el proyecto Juguetes del Pilar, que hoy se resume en su taller de confección de piezas artesanales, pero asimismo en La casa del juguete (con una exposición permanente de más de dos mil objetos que datan de 1890 hasta estos días), a lo que eventualmente se le unirá un taller-escuela como otro de los sueños que Calderón quisiera ver materializado algún día en su vida.

 Ahora bien, lejos de lo que algunos pudieran pensar sobre la posición que este juguetero tiene con respecto a las piezas en serie surgidas de una moderna máquina, el artesano expone un muy particular punto de vista: “Creo que cuando cualquier persona recibe un juguete o cualquier regalo y ocurre el efecto sorpresa, entonces está cumplida la meta del objeto. Por eso yo no tengo ningún prurito con respecto al juguete industrial ni con la computadora. Nada de eso, creo que lo importante en este oficio es crear”. Claro que nadie negará la enorme satisfacción que pudo representar para este juguetero el día que supo que un pequeño había elegido para su lista del Niño Jesús una pieza nacida en su taller. “Puedo asegurar que esa es una de las experiencias más sublimes que he tenido como hacedor de juguetes”. 

 
fotos cortesía : Nelson González Leal (Maracaibo, Edo. Zulia, 1965). Escritor, periodista y fotógrafo venezolano.
en -->  http://signusphotosite.com/2010/03/14/los-juguetes-de-mario-calderon-os-brinquedos-do-mario-calderon/

vídeo de CIENCIACONTIGO, producido por PIMENTÓN FILMS

MÉRIDA - EDO. MÉRIDA
CONTACTO : "Juguetes del Pilar", 
Calle 13 entre Av. 3 y 4, número 3 - 81
tlfs. 0274 - 252 9027
correo: juguetesdelpilar@yahoo.com

MARIANO RANGEL - ARTISTA POPULAR



Mariano Rangel nació el 5 de Junio de 1944 en La Mucuy Baja en el estado Mérida, dedicado a la agricultura y la albañilería desde muy joven comenzó a tallar la madera, su primera talla fué una "Virgen de la Inmaculada". Sus trabajos, participantes en numerosas exposiciones en museos y eventos nacionales y en el exterior, dan renombre y prestigio al arte popular de nuestro país en todo el mundo y han sido reseñados por Mariano Díaz en varios de sus libros sobre el arte popular de Venezuela. La dedicación y amor por el arte de tallar la madera del maestro Mariano inspira a todo su grupo familiar, hijas e hijos, y es así como se inicia lo que pudiera denominarse la "escuela de los Rangel" de donde surgen hermosas obras que identifican un estilo en la talla de madera y que preserva para el futuro toda una tradición en el arte popular venezolano.
 foto de Mariano Rangel cortesía de Jenny Márquez



en "El alma entre los dedos" -  de Mariano Díaz, 1985 - Cerámica Carabobo


LA MUCUY BAJA - EDO. MÉRIDA
contacto : en La Mucuy Baja, taller "Mis principios" , preguntar .

JUAN FÉLIX SANCHEZ - maestro del silencio


Juan Félix Sánchez nació el 16 de mayo de 1900 en San Rafael de Mucuchíes, el pueblo más alto del estado Mérida, ubicado en los Andes venezolanos. Fue hijo de Vicenta Sánchez y Benigno Sánchez; de su padre aprendió a reparar y construir objetos de carácter utilitario; su madre le enseño a rezar. Isaina Dávila lo instruyó sobre cómo tejer cobijas y ruanas y de un anciano indígena aprendió a relacionarse con las piedras. 

 
Sánchez fue agricultor, arriero, pintor, mago, equilibrista, maromero, Presidente de la Junta Comunal de San Rafael, titiritero, payaso, juez, arquitecto, escultor, ingeniero empírico y narrador, entre otras cosas.
Participó en la reconstrucción de la iglesia de San Rafael de Mucuchíes, bajo la dirección del sacerdote Ángel Sánchez Alcántara y puso en funcionamiento una turbina para que su pueblo tuviese electricidad. 

Además de arquitecto autodidacta fue un creativo tejedor de ruanas, cobijas y sombreros, un excepcional escultor y un audaz diseñador de muebles que rompían con parámetros tradicionales de la simetría y la comodidad.
Los que lo conocieron, dicen que fue un hombre que emanaba alegría y paz interior. A través de su vida expresó las posibilidades de desarrollo del ser humano, más allá de las limitaciones ajenas a su propio ser. Juan Félix Sánchez ofreció usar el terreno de su propiedad y se hizo miembro fundador de Medatia, en un afán de dejar un último legado para su pueblo.


Juan Félix llevó una vida "común", propia de su entorno, desarrollando una profunda sensibilidad por lo que lo rodeaba. Premio Nacional de Artes Plásticas, este artista utilizó la piedra y la madera y los transformó en verdaderos vehículos de expresión.


En su finca de El Potrero desarrolló todo su talento artístico. Fue allí en las montañas dónde floreció su creatividad y dónde logró gran inspiración. Construyó la plaza de su museo en las montañas páramo adentro. En este mismo lugar edificó una capilla en honor a la Virgen de Coromoto, hoy este lugar es de gran atractivo turístico. Como escultor fue reconocido como un verdadero artesano, su primer trabajo titulado Cristo - Virgen - Magdalena, grabado en mármol fue catalogado como una gran obra.
La Capilla del Filo de El Tisure, la Capilla de San Rafael de Mucuchíes, la casa de El Potrero, El Bohío y demás capillas pequeñas, sus murales (ya desaparecidos), sus tejidos hechos a telar de tres pedales, las tallas de El Calvario, los santos y las vírgenes, y su relación con los materiales que utilizó dan testimonio de su estética teocéntrica orientada a la naturaleza.
El 18 de abril de 1.997 murió en el Hospital Universitario de Los Andes a causa de una deficiencia cardiaca. Su legado sigue presente tanto en los Andes Venezolanos, como en el resto del país.

       en "POR UN CIELO DE BARROS Y MADERAS " Mariano Diaz, 1984, Cerámica Carabobo





"LO ESPIRITUAL EN EL ARTE DE JUAN FÉLIX SÁNCHEZ"
CATÁLOGO DE LA EXPOSICIÓN
Museo de Arte Contémporaneo de Caracas - 1982




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JUAN FÉLIX SÁNCHEZ Y EL PAÍS QUE SE BORRÓ
 MIREYA TABUAS
 EL NACIONAL · DOMINGO 22 DE JULIO DE 2012 · SIETE DÍAS/1


Hay que conocer a Juan Félix Sánchez. Eso se decía en la década de los ochenta. Hay que ir a verlo a su casa del fin del mundo en el páramo, caminar siete horas o montarse en burro, morirse de frío en la madrugada andina, un frío que no mata ni el miche. Observarlo mientras teje o talla, cómo escribe en su cuaderno de visitas (una marca de inmortalidad). Sacarse una foto con él, junto a sus sillas de madera. Otra foto más, con el fondo de montaña y frailejones. Tocar su obra en ese espacio natural. Decir que uno comió las arepas de trigo de Epifanía, su mujer.

Juan Félix Sánchez era la moda de esa década. Juan Félix, Yordano, las hombreras, la telenovela cultural. Un ícono para los caraqueños, que sentían que habían encontrado en él algo propio en qué creer. Era él, como el Teatro Teresa Carreño o como Carolina Herrera, luces parpadeantes de desarrollo en un país del Tercer Mundo. Pero Sánchez iba más allá, era una suerte de eslabón perdido, los orígenes de algo que sonaba grande: si en el páramo más remoto había un genio de la arquitectura, el país no estaba perdido.

Hace 30 años, en julio de 1982, Juan Félix Sánchez, un hombre del páramo nacido en 1900 en un pequeño pueblo merideño, un creador sin estudios académicos, fue el primer y único artista popular que entró por la puerta inmensa del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, otro de los símbolos de una nación que se soñaba intelectual. Todos los espacios del museo estuvieron dedicados a la obra de ese sencillísimo campesino, que fue comparado con Gaudí.

El escritor y semiólogo Umberto Eco lo visitó en 1994 y, luego, escribió en la revista italiana L’Espresso: "Juan Félix Sánchez no es un artesano, no es un artista, no es un aficionado al bricolaje; es un asceta de la montaña, un visionario". El artista popular —que nunca viajó al exterior— se internacionalizaba.

Fiebre de páramo. 

Juan Félix Sánchez nació el 16 de mayo de 1900, en San Rafael de Mucuchíes y estudió en la escuela del pueblo. Trabajó como titiritero, maromero y payaso, a la vez que hacía labores en la prefectura. Empezó a tallar en 1935. Se trasladó a la soledad de El Tisure, un amplio terreno que pertenecía a su familia, lejos de todo. Allí creó un telar único, que le permitió elaborar cobijas con efectos cinéticos, que innovaron el típico tejido andino. Allí también comenzó a construir su enorme complejo arquitectónico, formado por tres capillas hechas piedra sobre piedra, sin ningún tipo de cemento; una réplica de El Calvario y el Santo Sepulcro y su propia plaza Bolívar. Esa obra era su conexión con Dios. Más nada.

Hasta que —como el Nuevo Mundo— fue descubierto. A fines de la década de los setenta llegó a su casa una expedición liderada por el explorador Charles Brewer Carías y el coleccionista Dennis Schmeichler, que buscaban tejedores de cobijas. Llegaron sin imaginarse que realizarían tamaño hallazgo cultural. A partir de ese momento, la fama se extendió gracias a un libro y a un documental.

Y llegó el momento cumbre: la exposición en el Museo de Arte Contemporáneo. Hubo que trasladar pieza por pieza, en mula, desde El Tisure hasta la carretera y de allí en vehículo a Caracas. A la imponente sala llegaron las tallas (el ladrón bueno y malo en sus cruces, la Virgen, San Juan y otros, lo que no permitió bajar de la montaña fueron los cristos). También estaban sus cobijas. Al acto inaugural asistió el presidente de la república de ese momento, Luis Herrera Campins, que declaró la obra patrimonio. A Sánchez se le describió como revelación y genio.

Eduardo Planchart, investigador del arte popular que ha escrito dos libros sobre Sánchez, sostiene: "Por primera vez, un museo de esa calidad exponía la obra de un artista popular. Nunca más ha habido una exposición como esa en el país, marcó un hito". La prensa se abocó a publicar la vida y obra del artista. Sánchez fue objeto de culto. Cien personas o más llegaron a pernoctar en El Tisure los fines de semana. Fiebre del páramo por la noche. El que no iba, no estaba en nada.

El arte de olvidar. 

Pero pronto, las noticias sobre Sánchez no serían tan alegres. Los diarios empezaron a reportar informaciones sobre la mala situación en que se hallaba el artista popular, los problemas de salud, la falta de recursos. En 1985 la denuncia era que estaba casi ciego y abandonado. El propio Sánchez dijo a El Nacional ese año: "Me prometieron mucho, pero la realidad es otra, porque si bien he recibido condecoraciones, con eso no resuelvo mis problemas". Aclara Planchart que el tallista tenía posesiones. "Era un terrateniente al que no se le notaba, tenía esa sencillez del campesino andino". También afirma que no se movió en el mercado del arte: "Regalaba sus piezas, no se interesó en comercializarlas".

Las quejas del artista en la prensa también estaban dirigidas al gobierno regional, al que había donado la casa de sus padres, con la idea de hacer allí una institución cultural. Como no se hizo nada (incluso, él denunció que allí se instaló una miniteca), pidió la devolución de la vivienda. Terminó habitando un pequeño cuarto mientras se resolvía el problema legal que lo indignaba. Seguían los reconocimientos: en 1987 ganó el Premio Nacional Aquiles Nazoa; en 1989, el Premio Nacional de Artes Plásticas. La salud mermaba. Los últimos años los pasó en San Rafael. Ni siquiera pudo regresar a El Tisure, su adorado paraíso.

José Sant Roz, profesor de la Universidad de los Andes, escribió el libro La cultura como sepultura, basado en todos los atropellos que, asegura, recibió el artista popular. De acuerdo con Sant Roz, Sánchez comenzó a padecer a partir de su fama. "Los políticos se disputaban su prestigio, empezaron a interferir en su vida, había intelectuales que querían proyectarse a través de sus virtudes". Planchart considera que muchas figuras de renombre cultural sí se interesaron sinceramente por el arquitecto ingenuo, pero otros se aprovecharon: "Había muchos intereses detrás de él, era un mito viviente".

El Señor de El Tisure falleció el 18 de abril de 1997. "Se murió en la más horrenda desolación", sostiene Sant Roz. Luego, le hicieron grandes homenajes, pero no los que quería. "Él quiso crear una escuela para artistas, nunca recibió apoyo", añade.

En San Rafael de Mucuchíes está la última capilla que construyó Sánchez. Es el atractivo turístico principal (¿único?) del pueblo. La gente se para, se toma fotos, se va. Pocos se enteran de que a varias horas de camino está la mayor obra del creador: el complejo arquitectónico de El Tisure, sin vigilancia, abandonado desde hace más de 15 años, como reportan los pocos que lo visitan.

Planchart reclama que ninguna institución ha asumido la protección de la obra. Hay una comuna Juan Félix Sánchez, tienen su nombre un liceo, una escuela, un museo y pare de contar, pero desaparece El Tisure, el legado para un país que se creyó ilustrado.

"Yo no hice esto por facha, ni para nada, sino ideas mías para tener una obra aquí, porque uno por donde pasa debe, más que sea, rastro dejar, una huella... Y cuando yo me muera me voy a dir al sitio de los sueños, en donde sabré si los sueños míos eran verdades..." - Juan Félix Sánchez

tomado de http://artedigital-ula.blogspot.com/2012/07/juan-felix-sanchez-y-el-pais-que-se.html

EL MAGO DE LA NIEBLA 
Novela de Eduardo Planchart Licea sobre el gran artista y creador popular venezolano Juan Félix Sánchez. En homenaje a su memoria.



Documental realizado en 1988, Dirección: Carlos Lemoine, Eduardo Planchart Licea: Investigación, producción y guión; cámara fija: Maricarmen Carrillo.