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JOSEFA SULBARÁN - ARTISTA POPULAR



 Josefa Sulbarán
imagen cortesía de Museo de Arte Popular "Salvador Valero"

"Paseo del Niño"
imagen cortesía de Museo de Arte Popular "Salvador Valero"


La ensoñación y el verde esplendor del universo estético de Josefa Sulbarán


Josefa Zambrano Espinosa

A Carmen Araujo, Sheyla Rosario y Carol Cañizares O’Callaghan, 
quienes con su quehacer iluminan a los Museos de Arte Popular 
“Salvador Valero” y “Bárbaro Rivas”.


Vos que sabés cantar, que estás en las hojas del cerezo,

– Ponéte de niebla, ponéte de espuma y riíto, decí:
"Vení de lejos, velo de lluvia, 
llegá sol,
y con la cola sobá esas pendientes, tocá
las piedras moradas".

RAMÓN PALOMARES, Paisano



Uno obedece siempre a los imperativos de su corazón, de ahí que hoy escriba sobre la pintora trujillana Josefa Sulbarán en homenaje a su octogesimoquinto aniversario.

Josefa Sulbarán ya no es aquella mujer que, al entrar en confianza, gustaba conversar dejando a un lado su característica timidez mientras le acariciaba la cabeza a alguno de sus perros, sino esta anciana cuya mirada triste interroga al horizonte en busca de los paisajes, las vivencias y leyendas que desde niña plasmó en sus cuadros.

“¡Ah rigor paisana! Paisana, paisanita, el destino nos juntó y la vida nos separó con eso de lo que pudo ser y no fue. Dejemos la conversa quieta pa’ más luego, ¿no le parece mejor?”.

Conversación que nunca pudimos sostener, aunque en el recuerdo las palabras de Josefa Sulbarán persisten envueltas en un aroma de mastuerzo niño, musgo y café; sólo tangible en los verdes, rojos, amarillos, blancos y azules omnipresentes en su singular universo plástico: Los Cerrillos.

Los Cerrillos, comarca vecina a Mendoza Fría en el Estado Trujillo, Venezuela, es el lugar donde Josefa Sulbarán ha vivido la mayor parte del tiempo desde que nació un día de diciembre del año 1923, hecho del cual da fe el poeta Antonio Pérez Carmona en La bella niña de ese lugar: “Su madre, María Virginia Sulbarán, le contaría en esos coloquios crepusculares, a la que ya era señorita primaveral y que sus amigas llamaban cariñosamente Josefita, que el parto de la fría madrugada navideña, fue harto difícil, doloroso, pleno de angustia en una terrible soledad, pues ella, o sea, la entonces moza campesina, con un coraje y valor extraordinarios, recurriendo a su fe en Dios y la Virgen, colocó la estera en el piso, para, sin ayuda de la partera, dar a luz la hermosa chiquilla de ojos azabache, cabellos de ébano y piel canela. Y no se habían dormido aún las estrellas con la aurora, cuando María del Rosario Sulbarán (la abuela), abría aquella puerta rústica, a objeto de buscar el vecino fuego, encontrando a la joven en el suelo, en la escena semejante al pesebre de Belén”.

Relato que sin duda influyó en la pintora para llevarla a hacer del nacimiento, y en especial el del Niño Dios, un tema recurrente en su obra; sólo que sus nacimientos no acontecen en un pesebre de Belén sino en medio del verdor esplendente de Los Cerrillos, tal como puede apreciarse en sus cuadros “Paseo del Niño”, “Celebración de Noche Buena” “Paradura Nocturna del Niño”, entre otros. Además, las circunstancias que rodearon el parto en que Virginia Sulbarán alumbró a Josefa no sólo han marcado su obra, sino también la devoción que con gran entusiasmo siempre ha manifestado sentir por la mujer que la trajo al mundo: “¿Cómo no haber adorado tan inmensamente a mi madre Virginia, si ella por poco no entregó su vida al darme la mía, en esa temerosa soledad, donde ocurriera el milagro bajo el poder de Dios y de la Virgen?”.

Y no es para menos, ya que en aquél difícil medio rural, Virginia, la madre, quiso brindar a su pequeña lo que la vida le había negado a ella: la educación; así que al alcanzar Josefita la edad necesaria, de la mano Virginia la lleva diariamente a la improvisada escuelita del señor Raimundo Montilla, para que éste se la enseñe a leer y escribir.

Con el general Eleazar López Contreras, luego de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, comienza en Venezuela una nueva era --sobre todo en las áreas sanitaria y educativa-- al decretarse en el año 1937 la creación de las escuelas rurales y, entre ellas, con sede en Los Cerrillos la Escuela Rural N° 3217, en donde Virginia Sulbarán se apresura a inscribir a Josefita, convirtiéndola en una de las primeras y pocas alumnas de la maestra normalista María Marbelina Castellanos.



De esta época Josefa Sulbarán recuerda, y así lo refiere en casi todas sus entrevistas, que Virginia, su madre, a pesar de la pobreza en que vivían, prefería que ella asistiera a la escuela y participara tanto en los juegos infantiles propios de las niñas como en los actos culturales programados en el calendario escolar, de modo que no la llevaba consigo --como hacían con sus hijos la mayoría de las madres campesinas-- para que la acompañara en las faenas del campo; por el contrario, le fomentaba el deseo de instruirse, la devoción y amor a Dios y la Virgen, y a San José, su santo patrono. Asimismo, le enseñó lo que con el transcurrir del tiempo se ha convertido en el lema de su vida: “Nunca hay que ser envidioso ni rencoroso, siempre hay que vivir sin amargura y con alegría, pues no hay nada más bonito que una persona amorosa y humilde”.

Este modo de pensar y sentir transformado en su filosofía de vida le ha permitido a Josefa Sulbarán creer en que el amor, sea éste filial, fraternal o erótico, es un sentimiento único, intemporal, al cual recrea en las imágenes y colores que dan vida a las escenas de “Retrato de Familia” y “Boda Campesina”.

En aquel tiempo el silencio y los colores serían sus mejores amigos. Josefa recuerda que su mayor satisfacción en la escuela la obtenía en el momento cuando se quedaba sola, dibujando calladita en su pupitre. "Desde muy pequeña --le cuenta a Vanessa Andara en la entrevista que le concedió para el diario El Tiempo en febrero de 2002--, sin saberlo desarrollé una gran aptitud para la pintura; a pesar de que nunca había visto a nadie pintando. Mientras mis amigas jugaban con muñecas, yo dibujaba sobre la hoja de un árbol que se llama Cariaco, que al finalizar destruía para que nadie viera lo que hacía. Yo deseaba pintar pero me daba vergüenza con las personas".

A Josefa Sulbarán --al igual que a Antonio José Fernández “El Hombre del Anillo”-- la timidez y el temor a la burla y el rechazo del entorno les lleva a destruir sus primeras obras. Aunque en el caso de Josefa no es su mano armada de un martillo la que destroza la creación tal como lo hizo “El Hombre del Anillo” con sus esculturas de argamaza y cabilla, sino que es la naturaleza del material vegetal empleado por ella para dibujar la que se encarga de dar fin a su efímera obra.

Igual destino sufren sus primeros frescos pintados en las paredes de las casas donde habitaba. En ellas, usando los carbones del fogón y los creyones de cera que traía de la escuela, Josefita pintaba sobre las paredes todo cuanto veía: animales, plantas, casas, personas, pero tal como le ocurría con las hojas, cada vez que dichas paredes se descascarillaban y eran de nuevo encaladas, su obra desaparecía.

Josefa, ya adulta, en silencio, siempre en silencio, y en la penumbra de su habitación pinta como lo hacía cuando niña, hasta el día en que usando los creyones de a medio pertenecientes a Auxiliadora, su única hija, dibujó su primer “Los Cerrillos” sobre la tapa de una caja de zapatos, obra que, sin quererlo ella, fue descubierta por el párroco de Mendoza Fría.

Al respecto, en las entrevistas concedidas tanto a Daniel Acosta Montes como a Vanessa Andara, Josefa expresa que el sacerdote la llamó y le dijo: “Mirá esta niña, ¿si es verdad que esto lo pintates vos?”. A lo que ella, muy asustada, le respondió afirmativamente. “El sacerdote --cuenta Josefa-- me pidió que le pintara uno igual para él, pero yo nunca se lo llegué a hacer, aunque ese ha sido uno de los momentos más felices de mi vida, ya que ese día supe que lo que hacía no sólo le daba alegría y satisfacción a mi corazón sino que también podía gustarle al de los demás”.

A partir de ese momento comenzó a concebir la idea de pintar de nuevo “Los Cerrillos” en un cartón más grande y así, siempre en silencio y en la penumbra de su habitación, usando los creyones de a medio y sobre un cartón piedra, comienza a pintar Los Cerrillos, dando forma y color no sólo a las imágenes que ven sus ojos sino a aquellas que pueblan sus sueños. Trazos y ensueños van coloreándose hasta transformarse en un paisaje fácilmente identificado como “Los Cerrillos” por sus paisanos, quienes alabaron la obra el día que ella la colgó sobre la pared del comedor de su casa el 24 de diciembre de 1967.

En Josefa Sulbarán hay que resaltar que jamás padeció el rechazo del entorno social sufrido por sus coterráneos Antonio José Fernández “El Hombre del Anillo” y Salvador Valero; por el contrario, en ese diciembre de 1967 su comunidad y grupo familiar se disputaron por el privilegio de exhibir en las paredes de sus hogares el dibujo en cartón piedra, pues todos creían verse retratados en el medio de ese otro paisaje tan parecido al natural y circundante donde transcurría la rutina sus vidas; paisaje que ante el general asombro, Josefita, una de ellos, ha sabido recrear e iluminar.

Como en los pueblos las novedades vuelan en el aliento de las voces, llegó a oídos del ingeniero José Domingo González que una muchacha del campo había hecho un cuadro donde todo lo que se veía era igualito a Los Cerrillos. Intrigado visita la humilde casa de Josefa y queda impresionado ante la belleza del paisaje, y le promete regresar. Promesa que cumple en compañía del poeta Carlos Contramaestre, a quien se debe el descubrimiento de los más grandes artistas plásticos trujillanos (sin ahondar en este trabajo sobre la clasificación que de ellos hace Raúl Díaz Castañeda, para quien los dos primeros son ingenuos y populares las dos últimas, situando en entrambas vertientes, por participar de una y otra, a Rafaela Baroni, tampoco descubierta por Contramaestre): Salvador Valero, Antonio José Fernández “El Hombre del Anillo”, Eloisa Torres y Josefa Sulbarán.

“Contramaestre, con la personalidad que le caracterizaba --le cuenta Josefita a Daniel Acosta Montes-- me dijo: ‘Josefa, quiero un cuadro como ése’. Se refería al cuadro que sobre Los Cerrillos yo había pintado con creyones sobre cartón piedra para exhibirlo en el comedor el día del Niño Dios. Yo me asusté mucho cuando llegó este señor a mi casa, y me preguntó por el cuadro. Él pasó al comedor por la pieza y de inmediato me ofreció comprármela, pero yo le dije que no podía vendérsela porque yo la había hecho para adornar mi hogar. Entonces él me dijo que en unos días pasaría a buscar uno que yo le hiciera. Yo, por supuesto, no pensaba hacerlo; sin embargo, a los pocos días me envió unos óleos y pinceles, y entonces yo me alegré tanto de ver aquello que nunca antes había visto. Así que de inmediato comencé a realizarle el cuadro en agradecimiento”.

Y fue de este modo como nació “Los Cerrillos”, la obra donde Josefa Sulbarán aprehende con sus pínceles el imaginario, el verdor y la luz de la montaña trujillana, plasmando así sobre el lienzo el paisaje que, entre penumbras y duermevelas, ha venido soñando desde niña. Hierofanía polícroma que inicia en Sulbarán ese “existir en entero” de que habla Guillermo Meneses, quien en El falso cuaderno de Narciso Espejo afirma: “Tengo la convicción de que el individuo no existe en entero si no llena la parte que le corresponde a su pueblo, si no sabe extenderse hasta su territorio comunal, hasta su ejido”.
Josefa Sulbarán no sólo ha sabido extenderse hasta ese territorio comunal que le es propio, sino que ha convertido su ejido en un singular cosmos, en un estético y particular universo iluminado por el sol de su mirar. Mirada que reflecta la luz haciendo más rojiza la tierra de los cerros, al tiempo que oscurece el verde de los árboles que se yerguen en busca del azul que, esa misma luz, hace más brillante en los cielos de los paisajes creados por Sulbarán.

En ellos, al recrear su comarca, Josefa da la vida tanto al diario quehacer del campesino trujillano como a los acontecimientos del pueblo, sean estos de orden religioso, familiar, histórico o cultural. En sus paisajes el verde se transforma en esplendor de esperanza, de naturaleza en perpetua renovación, de ahí que la pintora exprese: “A mí el verde me hace muy feliz y por eso lo utilizo bastante; además, amo los estados completamente naturales y lo que en ellos se encuentra… Me gusta proteger a todos los animales y seres indefensos que habitan en esta tierra”.

Tierra de humo y neblina, de suqueses que parpadean sus intermitencias amarillas en la negrura de las noches cuando Josefa Sulbarán sueña con el verde de los sembradíos siempre en flor y con el turquí de esos cielos en los que la mirada se pierde en busca de lo anhelado y eterno, y que ella, gracias a su talento y sensibilidad, ha sabido hacer suyos en cada una de las obras que ha pintado a lo largo de sus recién cumplidos 85 años de edad. Obras galardonadas con importantes premios que le han permitido convertirse en una de las más reconocidas y originales exponentes del arte popular venezolano, sin que por ello su bondad de alma, candorosa timidez y humildad hayan mermado en absoluto, permitiéndole así, a pesar de su delicado estado de salud, continuar siendo por siempre La bella niña de ese lugar: Los Cerrillos, su centro del mundo, su universo del ensueño, el color y la luz.

video del Ministerio del Poder Popular para la Cultura - Instituto de las Artes de la Imagen y el Espacio. Producciòn y Conceptualizaciòn: Mercedes Longobardi. Fotografìas: Ivor Lugo. Logistica: Carolina Lorca/ Pedro Torrealba. Asistente de Campo: Peter Querales. Camarògrafo:Ruffo Contreras. Ediciòn: Alexander Oidobro. 

SOBRE UN ARTE LLAMADO POPULAR - Mariano Díaz


A salto de mata
                                                                     
UNA POCA NOTICIA DE GENTE QUE DICE COSAS SOBRE UN ARTE LLAMADO POPULAR
Texto y fotos Mariano Díaz

  
DICE LA CRÓNICA QUE EN 1948, el país (Caracas?), pudo conocer y apreciar las manifestaciones de nuestra cultura popular tradicional, gracias al festival folclórico que en honor a la toma de posesión del Presidente Rómulo Gallegos, organizara Juan Liscano. El entusiasmo que deja esta Fiesta de la Tradición, promueve investigaciones hacia la provincia y se descubre que en cada comunidad, entre los artesanos, "hay quienes dan a su ofício una dimensión artística". 


Son cultores espontáneos que en la lejanía rural o al margen de poblados, donde trabajan solitarios para inventarse cosas como pintar una tela, labrar un palo, figurear un barro o tallar una piedra.

“Te quedas solo con tú mismo, y tu vida es pintar y pintar, y vas amontonando cuadros hasta que el destino te manda un doctor ilustrado que se empieza a interesarse por tus cosas y te ayuda y te saca a descubrir”, afirmaba categórico Esteban Mendoza.

Esteban Mendoza - “pintar y pintar hasta dar con un doctor ilustrado”

DOCTORES ILUSTRADOS, por este decir, fueron Alirio Oramas, Luis Rawlinson y Mario Abreu del Taller Libre de Arte, que dieron a conocer en 1949 la obra de Feliciano Carvallo, recibida con elogios:  A la cabeza de los descubrimientos estará el mulato de Naiguatá Feliciano Carvallo... Pocos casos habrá de éxito tan fulminante y completo como el del pintor ingenuo Feliciano Carvallo... Desde 1948, con la aparición de Feliciano Carvallo, el primero de los ingenuos, arranca la historia de la pintura ingenua en Venezuela... Los jóvenes artistas nos libramos del academicismo, ampliamos nuestros criterios y nuestra sensibilidad y eso nos permitió sentir y entender la belleza de ese otro tipo de pintura ante el cual habíamos permanecido ciegos. palabra de santo.

DOCTORES ILUSTRADOS, para la plástica popular, han sido otros adelantados como Carlos Contramaestre, Juan Calzadilla, Francisco Da Antonio, Alfredo Armas Alfonzo, Raúl Nass, Rafael Pineda, José Antonio Rial, Oswaldo Vigas, Willy Aranguren, Enrique Hernández de Jesús y Perán Erminy, quienes vinieron. revelando, apoyando, impulsando y defendiendo el valor de los primeros artistas populares, desde hace más de 50 años bandeados entre la terminología de naives, espontáneos, naturales, inocentes, primitivos, ingenuos o del común. Gracias a ellos, comienzan a circular las obras de A.J.F. El Hombre del Anillo, Salvador Valero, Isabel Rivas, Federico Sandoval, Víctor Millán, Esteban Mendoza, Carmen Millán, Andrés Álvarez y Bárbaro Rivas el hallazgo insólito, puesto que no se dará otro caso como el del ingenuo de Petare, indiscutiblemente uno de los artistas más notables que ha dado Venezuela.

LA IMAGINERÍA APARECE DE LA MANO de Carlos Contramaestre (1934-1996). Gracias a su gran sensibilidad para encontrar y revelar talentos artísticos en campesinos y ciudadanos al margen. A él, a Flor Romero y a Antonio Luis Cárdenas, se debe el estudio y difusión de muchos cultores como Salvador Valero, El Hombre del Anillo, Emerio Darío Lunar, Rafael Vargas, Josefa Sulbarán, Eloísa Torres o Juan Ali Méndez.

Antonio José Fernández, "El Hombre del Anillo" 
     primer imaginero oficializado                       


                      Emerio Dario Lunar - "Primero fueron las letras y después la pintura"                              

 En 1965 bajo El Techo de la Ballena, se dan a conocer los trabajos de A.J.F. Antonio José Fernández, un vendedor de verduras en el mercado de Trujillo, conocido por lo huraño y malhumorado, que carga en su mano derecha un gran anillo de piedra. Artista solitario, creador de Los tormentos del ensueño, que lo revelan como escultor ingenuo, con un variado universo de imágenes de madera, yeso, piedra y cemento, entre sus muchas pinturas en telas y tablas. El bautizamiento de la obra de AJF, marca la « aparición» de la imaginería en la plástica popular.
Años más tarde, encontramos a José Belandria en Mérida, trabajando finamente la talla en sus horas de vigilante nocturno, “inventándome hacer maromeros, adanes con evas, Simones Bolívar y muñecas para entretenerme el sueño”; a José Márquez en Tovar, a quien se le llena la casa con pájaros de madera,”por una hernia que no me dejó seguir de albañil, fue que me salió la idea hacer una garza como las que había tanto mirado por Canaguá y así me entusiasmé y seguí”.
    
 José Belandria, toda una vida tallando finura  

José Marquez, garzas y pájaros en vuelo por toda la casa

En El Rincón de la Laguna, Juan Alí Méndez se las inventa para tallar a Simón Bolívar “que ha sido lo más arrecho que nació de Venezuela y Cristos que si no te los bendice el padre yo mismo te los bendizco”. En La Enriquera de Guanare, Chemaría Rodríguez en el corredor de su casa y protegidos por rejas y alambres de púa amontona ángeles, pájaros, cruces, héroes anónimos, hace “cosas que una inventa, que significan misterio, y que yo escarbo en pedazos de leña, con estroponomía, como al Libertador, que fundó a la Virgen del Coromoto”. Lucio Apure, en un rinconcito de la bloquera Batista de Boconó, labra tallas de notable corte colonial, “curando con oraciones las maderas que trajeron aquí los alemanes cuando la otra guerra, y que he recogido de las casas que se han caído; maderas que tienen vida de espíritu, porque fueron de casas habitadas sin exageraciones y sin burguesía”.

DE LA IMAGINERÍA DEL BARRO también surgen cultores. En Escuque la Niña Eloísa Torres, ceramista de pequeño formato, recrea santidades y escenas campesinas y a falta de hijos propios, “…adopté al Niño Jesús de Escuque con el que cuando lo hago con mi barrito, hablo muchas familiaridades.”

 Eloisa Torres, Un niño adoptivo moldeado en cerámica

Edicta La Cruz, una de las muditas de La Mucuy Baja de Mérida, modela cuadros e imágenes de nacimientos, a José Gregorio y a Bolívar quemados al calor de fogón y entre la brasa,” hasta que la buena de Dios la apaga”.

Mérida arriba, Clemente Uzcátegui en la Mesa del Tanque, dueño de los secretos de la arcilla que “me vinieron por familia y los regué a quien los quiso, ya para descansar de tanto hacer loza, me comencé a figurear animalitos, músicos, matrimonios y nacimientos que montaba sobre un plato”. 

Mas allacito, en Aguas Calientes, Natividad Niño entre loza y loza, modela al Libertador, a Florentino con el Diablo, crucifijos, vírgenes, santas y muñecas diversas “que las hago sólo de la mente mía y propia, porque si se hacen de copiado una pierde su fama, y fama es lo que te da cariño por el oficio”.

LA HERENCIA TRANSMITIDA tiene su principal referencia en la familia Ferrer de Borojó, en Falcón, dinastía de tallistas excepcionales que fundaron Abraham y Concilio Ferrer, tras dejar sus oficios de albañiles, zapateros de componer, músicos y magos de feria.

Abraham Ferrer, la herencia transmitida

“Aquello no nos resultó porque decían que teníamos pacto con diablos y espíritus malos. Como nos gustaban los tallados de los altares coloniales, comenzamos a aplicarnos a hacer espejos, mesitas, atriles y figuras. La armonía de las formas y la vibrante policromía de sus pájaros, mariposas, ángeles, libertadores y muñecas, relumbran en la aridez del paisaje. Para meterle el color a la madera, nos pusimos primero a darle un fondo de blanco y barniz antes de colocarle los colores vivos”.  Víctor, Mercedes, Aura, Minerva, Isaac y Salvadora formaron las ramas de la sucesión, que se va transmitiendo a hijos y nietos.

Otro tanto ha hecho José Ramón Zambrano en La Grita, enseñando el oficio a sus tres hijas, donde todos cuatro hacemos personajes diferentes usando desde el cedro hasta el anime.

Por la Quebrada Grande de Guadalupe en Lara, el viejo Francisco Torres inicio con su saber de imaginero a los primeros tallistas de Quibor, cuando estos hijos bonillas, lobatones, arangúrenes y otros, se dieron de cuentas que era mejor sacar muñecos de los palos de vera, antes que cucharas, bastones y bolas criollas. 

De Ramón Antonio Moreno, el padre, heredó Orangel Moreno el oficio de la talla. Una foto del año 84 lo muestra en su taller de La Mucuy Baja en Mérida, junto a Ana Josefa la esposa, y a los hijos Zoraida, Nelson Antonio, Jhonny, Carlos Alberto y José Gregorio. “A ellos les enseñé el oficio y cada quien hace lo suyo, distinto a los demás. Trabajan sólo en las vacaciones, porque primero está el estudio para que logren ser profesionales”. Y lo lograron. “Orangel y Ana Josefa siguieron tallando y los muchachos vienen y de vez en cuando, toman maderitas y hacen su arte para no perder la mano”.

Del padre carpintero y de la madre María Ismenia, talladora de anime, Tadeo, Mariano, Laureano, Patrocinio, Francisco, Blanca y Carlos Rangel sintieron el llamado de la madera.” Tadeo fue el primero que enseñé y luego él siguió con los otros”.

Mariano Rangel fundador de una dinastía de buenos talladores

Actualmente, Mariano Rangel tiene un taller en la Mucuy Baja de Mérida, donde laboran 14 talladores, todos de su familia. Son libres de tallar lo que quieran, siempre que no se copien del otro. 

En la pintura se dio el caso de Andrés Antonio Álvarez, compañero de inicios con Feliciano y Víctor Millán, que logró fundar un grupo familiar de característica homogénea donde destacan su esposa Juanita, Irma la hija, Rafael Bustamante y Gerardo Avendaño.

CONTRA LA IDEA DE LA ORIGINALIDAD, otros artistas han surgido recreando y remozando el estilo de sus antecesores. Por Cabimas, el arte de Rafael Vargas resucitó en los cuadros de Emilia y en las aves de Rafael Navarro, sus hijos, "porque cuando papá murió, todos venían a buscar pájaros y cuadros y comenzamos a hacerlos igual a como él, porque papá nos hizo así aprenderlo". 

La inconfundible elegancia de las tallas de José Belandria encontró seguimiento en su hijo Heriberto, quien en su taller de Los Llanitos de Tabay, ha logrado emular el estilo del padre, mientras su esposa Luz Marina, decora las piezas con el colorido sin par de los insustituibles creyones.

En La Blanquera de Sabana de Parra en Yaracuy, María Yolanda Medina, que comenzara a tallar entusiasmada por los trabajos de los Ferrer de Borojó, ha formado un grupo familiar donde todos trabajan remedando las formas y rasgos de las piezas de ella, “porque admiramos mucho los trabajos de maíta y porque todo el mundo busca las piezas ella y no se da abasto con los encargos”.

 María Yolanda Medina, toda una familia siguiendo su huella

La Dualidad PINTOR-IMAGINERO también está presente con características muy propias; el artista conserva en la talla rasgos similares a los de su pintura, llevando a una tercera dimensión los personajes de sus cuadros. 

Han destacado Malú Fuenmayor en Maracaibo, Francisco Luna y María Antonia Urbina en La Grita; Antonia Azuaje en Caracas, Felicinda Salazar en Maracay y en Valencia, Antonio Ramón Pinto y Aracelis de Mariño que, junto a sus coloridas escenas talladas en tablones, logra expresivas piezas individuales. Miguel Ángel Parada, Luis Barón y Amelia de Carrero en Bailadores; Navor Terán en Trujillo, que con la misma pasta de cola y aserrín de sus cuadros en relieve, modela esculturas. Blanco Aparicio en Cabimas, traslada sus personajes del lienzo a tallas sobre juguetes con movimiento.

 Navor Terán, obras en relieve con regaños en versos

LA PALABRA TAMBIÉN VA CON LA OBRA del artista popular. Para algunos de ellos, la escritura es complemento de su trabajo. Antonia Azuaje redacta historias que pega o escribe en el reverso de las telas, Carmen Sánchez en Caracas, escribió sentidos versos de amor a sus pinturas de enamorados, Emiliana de Nadal en Villa de Cura, le escribía una oración a cada santo que tallaba, y Navor Terán de Trujillo, no contento con los nombres demoledores de sus obras, por extensión critica ácidamente a la sociedad, en largos poemas rimados que no duda en leérselos a quien se le ponga por delante. Elsa Morales, autora además de varios libros de versos, pudo mostrar en dos exposiciones sus poemas ilustrados.

  Elsa Morales, poesía pintada y pintura poética 

Antonia Azuaje, escribir con humor la historia pintada  

POR LA PALABRA ESCRITA de Salvador Valero rescatada por Carlos Contramaestre, sabemos del rico mundo de sus Reminiscencias de vida, cuentos, leyendas, poemas y ensayos. Por Alberto Arvelo y el Grupo Cinco conocimos de primero la obra y los testimonios de religiosidad, fantasía y buen humor de Juan Félix Sánchez. La devoción de Josefa Zambrano rescató del deterioro y el olvido los papeles de reflexiones, poesías y cuentos, pegados en las paredes o regados por los rincones de la casa del Hombre del Anillo. Por Juan Calzadilla conocemos el pensamiento de Emerio Darío Lunar.

 De Grone  Romepri, el nuevo pintor de El Tocuyo, tenemos los originales de su Cuadresma  autobiográfica diario de vida, logros y decepciones, y de la multifacética Rafaela Baroni su Muchos años entre las espinas hasta que las rosas florecieron, que suscribe como fascinante historia de mi vida, muy auténtica, pero destacada siempre a la voluntad del Señor...

INVESTIGADORES de profesión y oficio, no toman en cuenta la oralidad de los cultores. Les basta con sus parámetros y conceptos, desaprovechando un material valioso complementario de la obra.
¿Cómo seria de maravilloso el universo hablado de Bárbaro Rivas?... 

Con cuatro frases atribuidas al pintor, han dado por investigada su religiosidad 

¿Acaso no era importante conocer de su palabra ese mundo que él vivía y visualizaba para volcarlo luego en su pintura ?... 

¿Alguien se preocupó por saber de boca del pintor que qué hace Fray José en plena calle desierta con un catre al hombro?... 

Qué delicia no sería leer una historia sagrada relatada por Bárbaro Rivas a través del centenar de cuadros bíblicos que pintó

Hay omisiones que no tienen justificación.

Manases, los rostros como constante de recia pintura

EN ESTOS SALTOS DE MATA por los años ochenta, otros nombres y testimonios importantes quedan en espera con sus decires y quehaceres. Entre ellos están individualidades y grupos de importantes cultores en Caracas, Aragua, Carabobo, Yaracuy, Lara, Zulia, Boconó y La Grita, sobre los que volveremos.

 A más de medio siglo del "nacimiento" del arte popular en Venezuela, es bien dejar constancia del decir de uno de sus principales parteros, Mario Abreu :




 “No he tenido que hacer investigaciones para conocer la cultura popular y las creencias populares, porque ese es el mundo de mi propia infancia y de mi formación.
 Lo que deseo es que la gente reencuentre en mis obras lo que dentro de ellos mismos habían extraviado o no podían entender. Que se encuentren a sí mismos.”



El Junko, Junio  2007

 

"HACEDORES DE CIELO" IV

Testimonios de los creadores populares de Venezuela 
recopilados por Mariano Díaz en su libro
"POR UN CIELO DE BARROS Y MADERAS"

1984 - editado por Cerámica Carabobo



"HACEDORES DE CIELO" III

Testimonios de los creadores populares de Venezuela 
recopilados por Mariano Díaz en su libro
"POR UN CIELO DE BARROS Y MADERAS"

1984 - editado por Cerámica Carabobo



"HACEDORES DE CIELO" II

 
Testimonios de los creadores populares de Venezuela 
recopilados por Mariano Díaz en su libro
"POR UN CIELO DE BARROS Y MADERAS"

1984 - editado por Cerámica Carabobo