MACARIO COLOMBO - ARTISTA POPULAR

MACARIO COLOMBO, ARTE Y EXISTENCIA

Macario Colombo artista larense que ha creado una obra paradigmática en el arte venezolano, 
entrevista hecha por el historiador y curador Eduardo Planchart Licea.
 Cortometraje realizado por la Fundación Cultural Ipiar Tumerem,
 en su registro e investigación de las expresiones del arte, la cultura y las tradiciones venezolanas..




Macario Colombo: Sueños y artimañas
MERVIN RODRÍGUEZ


Macario Colombo: Sueños y artimañas
Acercarse a la vida de un cultor popular es acercarse – con el debido respeto – a su mundo mágico, a su mundo de encantos y desencantos, de ilusiones y de vivencias. Pero es también la oportunidad para conocer la otra historia, la no contada o poco contada o mal contada. Es entrar a la posibilidad cierta de oír y escuchar al propio autor, al protagonista de su cotidianidad, relatar su vida o parte de ella. Es conocer su concepción de las cosas más cercanas y de allí su filosofía de la vida.

De Macario Colombo conocemos desde hace ya algunos años sus cuadros: los hemos visto en algunos espacios públicos de la ciudad y en casas diversas. En una oportunidad llegamos a saber también que había algunos imitadores dedicados a copiar su trabajo plástico. Sin embargo, su persistencia o su terquedad, como él mismo la califi ca, han hecho posible que ese pueblo inteligente pueda diferenciar un verdadero cuadro de Macario de uno plagiado. La pintura en Macario Colombo no es una simple distracción para el tiempo de ocio ni para que su autor asuma poses esnobistas propias de ciertos “artistas” más pendientes de la publicidad mercantilista que del arte en sí. Constituye quizás su razón de ser y creencia permanente: “Me parece que pintar es un acto – para mí – el principal en la vida, vivo para eso”.

Podríamos afi rmar que Macario Colombo es un militante de su arte como lo han sido muchos otros: “La pintura para mí viene siendo la responsabilidad más grande que tengo en este planeta, no tengo otra… La responsabilidad mía es ser pintor y con eso me siento tranquilo…"



.......xxx........


“... yo me crié hacia la pintura.”
Mi nombre completo es MACARIO COLOMBO ALDANA. Nací el 20 de junio del 46. Nací en Baragua. Eso parece que pertenecía antes a Falcón. Eso está entre la raya de Falcón y Lara, donde llaman la Sierra de Tamayare. En esos tiempos el que hacía alguna cosa en Baragua lo juzgaban era en Coro. Después parece que Lara agarró todos esos pueblitos de por ahí... Sierra Caritá, Ojo de Agua, pertenecían a Falcón.

Nosotros éramos cinco: dos varones y tres hembras.Han muerto ya dos. Uno es músico, toca aquí en la banda, yo me crié hacia la pintura.

La infancia mía fue pero muy sana, de andar en ríos, ¡claro! con la responsabilidad de ir a estudiar pero cuando me quedaba un rato libre agarrábamos hacia un río, bañarnos, estar allá, hasta que bueno no había horario. Era una infancia sin atajo, no como ahorita que el muchacho tiene el atajo de la calle, que no puede tirar una pelota porque le pega al vecino. Ahí no, esas son playas. Baragua es un desierto ahí uno puede jugar béisbol, elevá papagayo, ahí no hay ningún atajo de nada. Fue una infancia muy buena, fui muy feliz, fue muy bonita porque había mucha pureza. Fue una infancia que no tuvo ese tipo de complicaciones como la tienen ahora los muchachos con las drogas. En Baragua en esos tiempos ¿qué se iba a hablar de drogas?... bueno, los que tomaban alcohol, eso era todo. Ahorita no provoca – y que Dios me perdone – tener hijos porque uno los lanza en un mundo donde hay mucha droga, mucho vicio y eso los destruye, eso acaba con la familia.

En Baragua no había luz. Tenía uno que estar acostado ajuro, así no quisiera, a las siete de la noche. Tenía uno que llegarle a los padres tempranito.En mi casa nunca había radio, ni televisión, ni na´. Lo que había era un taller para trabajar. Simón Rodríguez decía que las casas debían tener taller y las escuelas también; tenían que ser escuelas-taller pa´ que el muchacho no sea lerdo, pa´ que se críe con creatividad. Los Aldana tenían esa gran viveza, de que sus hijos no andaban buscando trabajo en otras partes sino que ellos mismos los enseñaban. Tenían casas-taller.

Mis padres eran gentes muy humildes, muy tranquilos, muy sanas. Papá nos decía a nosotros: “no pidan fi ao nunca, muéranse de hambre, dejen de estar debiendo a los demás porque usted al deber es inferior”. Nos enseñó a trabajar, nos enseñó a ser honrados principalmente. Papá, a pesar de no saber leer, nos daba lecciones. Yo hoy me mantengo exactamente como mi papá me levantó en ese aspecto; papá parece que se metió dentro de mí.

Mamá se llamaba Susana del Carmen Colombo Aldana y mi papá se llamaba Quirico Enrique Cordero. Tenía nombre italiano, me recuerdo del pintor De Chirico, creador de la metafísica. Mi mamá tenía un tallercito allá en la casa y trabajaba carpintería. Ahí se hacían guitarras, cuatros, mandolinas, instrumentos musicales en general. La creatividad me viene por mi mamá. Papá no sabía nada hacer instrumentos, venía de otra familia. Mamá venía de la familia Colombo Aldana que son creativos. El primero fue Luis Aldana, después sus hijos y después nosotros. Pero la creatividad viene por parte de los Aldana, ellos eran creativos.
Si una muchacha Aldana se casaba con un hombre que fuera albañil, ella tenía el poder de dominarlo para que aprendiera a hacer instrumentos. Mamá fue una; mamá dominó a papá y papá llego a hacer buenos instrumentos, inclusive, Papá superó a Mamá. Papá era más fino haciendo un cuatro, una guitarra. Mamá era más rústica, se parecía más o menos a la Mamá de ella, a Pastora Aldana. Pastora Aldana hacía los instrumentos muy rústicos, ella poco los pulía, ni los lijaba, sino que los dejaba donde se le veían hasta los navajazos. Ellos trabajaban así porque eran gente del pueblo, gente que no tenía esos estudios científicos, y ellos enseñaban a las personas. 

La creatividad – yo creo – tiene algo de que ella crea otras cosas. Yo no me quedé haciendo instrumentos como me decía mi mamá. Me parece que una casa donde hay un taller el muchacho tiene que crecer con habilidad, no vamos a hablar de inteligencia. Tengo un amigo que dice que por ahí por el estado Anzoátegui hubo una familia que halló un muchacho donde había un corral de chivo, y el muchacho nada más aprendió a hacer como hace un chivo. Dicen que su cerebro se le cerró allí.

Una de las grandes dinastías de hacer instrumentos musicales en Europa como Antonio Stradivarius, Llamatti, Guarnieri, era porque ellos eran tradicionales; una sabiduría se la pasaban a otra generación y así, de generación en generación, como la pintura y la música.
Papá y Mamá eran muy unidos, sin tantos problemas como ahora. Los hogares ahora se disuelven es por los problemas económicos, tantos tipos de problemas que hay, ya los hogares no son como antes, compactos. Antes una persona para casarse le exigían tener casa y todo para eso mismo.

Mi Papá era un hombre muy humilde, no era violento, de un trato muy sencillo. No sabía leer pero nos daba lecciones mejor que quien sabe leer. Esto me quedó a mí por siempre: yo no tenía trompo, entonces mi papá me dijo “yo le voy a hacer un trompo”. Cortó una mata de yabo, trozó un palo de yabo. Me acuerdo que no supo hacer el trompo porque le quedó muy largo y los trompos largos no aguantan mucho el giro sino que caen facilito. Él fue el primero que me lo bailó. Un padre muy cariñoso, muy humilde, no bravo ni regañadiente, sino que todo se lo hacía a uno como con un juego. Se portó bien con Mamá, principalmente en el matrimonio. Un hombre que sí tuvo sus cositas pero no tantas. Papá muy de aquí en la casa, eso quiere decir que se amaron. Pero era también otra época. Era un padre para recordarlo.
Mamá sí tenía un carácter un poco complicaíto, era así como dulce-amargo. Mamá era la que nos pegaba, nos echaba látigo, apelaba a lo dramático.... “¿no vas a hacer esto? entonces te voy a pegar...” Y era que nos echaba de verdad. Pero era muy dulce al mismo tiempo, tenía como doble cara; era muy dulce, muy tierna, muy cariñosa. Yo me acuerdo de los cariños que me hacía y todas esas cosas. No sabía tanto, el único libro que leía era la Biblia, fue educadora, dio clases en el campo. Mamá era así, embromaíta porque de golpe uno tenía que avisparse porque si estaba con bromitas le caía a palo como se dice. Mamá dominó a papá. Mamá era lo que llaman – vamos a explicar – matriarcal. El matriarcado se
acabó por patriarcado; mamá se quedó matriarcal al caso tal que nosotros no somos Cordero, nosotros somos Colombo. 

Mamá prefirió el apellido de ella para nosotros.Papá y Mamá vivían tranquilitos en la casa. Allí en esa casa no estaba oyendo nadie que mataron tantos en tal parte. No había radio, no había televisión, ni VH, ni medios. Ahí se oía era: “vaya busque agua, muchacho, vaya busque leña, líjeme esta guitarra...”, una cosa práctica, y así el hogar fue hasta que bueno, la muerte fue la que los separó. Mi hermana murió, mi hermano, Mamá murió, Papá murió. Pero fue la muerte, lo natural, lo que separó a esa familia.


Me cuenta mi abuelo que él fue un día a cazar venao por ahí y quedan nada más de la casa de nosotros cuatro palos clavaos en el suelo. Fue donde hizo papá una casita para vivir. Ahí nacimos.



“... en Baragua la gente parece un cardón....”
Por Baragua salen muchos fantasmas porque la gente cree mucho en superstición. La soledad crea dramas, o sea, la persona sola se pone hasta loca de tantas bromas que ve.
Baragua ya a las siete de la noche uno ve es los puros cocuyitos y alguna gente que pasa por allá con una vela prendida... eso es dramático.

Había una vieja ahí que parecía un fantasma de verdad, se llamaba Fabia. Fabia era arqueada y verla en una oscuridad, con una vela y una batola que le llegaba al suelo, la arrastraba al suelo y caminaba era pujando; un fantasma de verdad.

En Baragua no hay gordos, la figura de la gente ahí son flacas; en Baragua la gente parece un cardón, un cují, y deformaos también. En Baragua conocí yo como a cinco deformaos, horribles. Me acuerdo uno que lo cargaban en una caja de madera que se la hizo mi tío Lorenzo. Una carrucha de madera para cargar a ese que llamaban “Taño”. Taño era un hombre que le creció na´más, se le desarrolló na´más el puro pecho y debido a eso se me quedó a mí en la mente. 

Taño se me retrató a mí en la mente. Si pinté el fantasma de Baragua, Taño parecía también un fantasma. El tenía un sombrerote como un duende y el pechote grandote como el pintor Toulouse-Lautrec de Francia, y los pies se le pusieron flaquitos. Él no podía con el cuerpo porque era un pechón muy grande, él tenía los pies finiticos. 

Luis Jordán era un personaje que cargaba leña en una carrucha. Vivía solo en una casa con una hija. Había también un músico, se llamaba Magdaleno Barradas, tenía un conjunto: marimba, cuatro y mandolina. Él era el que patrocinaba todas las fiestas. Había uno que llamaban “El Mocho”, Quintín El Mocho. Yo sí le tenía miedo a ese señor. Eso daba miedo ver a un hombre por una playa con una muleta, el pie era un tuco allí amarrao, parecía un pirata pues.

Otra cosa. El primer carro que yo vi. Eso me molestó a mí que todavía – a estas alturas – yo no me puedo quitar ese carro de encima. Ese es un carro que se echó a perder allá en Baragua, por la carretera entre El Paso y Baragua. Entonces yo venía adelante, yo me gustaba siempre ir alante en los caminos y mi mamá y mi papá atrás. Cuando di una curva así veo el carro. El carro lo botaron allí porque se quedó accidentao, tuvieron que dejarlo; el carro se oxidó. Tenía unos faros que salían pa’ fuera. Yo veo aquella broma, salgo
corriendo pa´tras y le digo a mamá que qué broma era esa, una broma que está allí. “No hijo, ese era el carro de fulanito que se quedó allí”. Ese carro me dejó a mí enfermo; pa’ mi es una cuestión patológica.

Me acuerdo del molino de Baragua cuando se le cayó la rueda. La tumbó el viento de tanto girar. Después – me acuerdo – yo presencié cuando estaban volviendo a poner la rueda y eso me gustó mucho porque en Baragua no se ve nada nuevo. Por eso es que se me queda. Uno le quedan imágenes que son tontas a veces, pero que son capaces, a través de sus tonterías, echarle a perder la vida a una persona. Personajes que para un niño no cuadraban, lo podían molestar; personajes que fueron moldeándole la vida a uno, moldeando la imagen de uno. 

Entonces todo ese ambiente, en un niño sensible, me marcó completico.

El drama en la pintura mía de rojos, de negros, de azules, de contrastes, de violencia, se debe a ese mundo de violencia que tengo yo por dentro. Un mundo que fue difícil para mí. En Baragua se pasaba mucha hambre, mucho trabajo. En Baragua no vale tener plata porque si la bodega no tiene, entonces tú pasas hambre. Ahí todo pintor y músico que salga tiene que ser así: dramático, por que el ambiente lo conlleva a no ser feliz. 

El que nace en Baragua va como signado a pasar hambre, calamidades...



“... hay algo que me impulsa...”
Yo estudié la primaria en Baragua, en una escuela que se llamaba “Juan Santaella”. De ahí, por problemas económicos en la familia, buscando mejoras, me vine para Carora, entonces estudié en la “Ramón Pompilio Oropeza”. Ahí hice sexto grado, después no pude seguir estudiando por cuestiones económicas y hasta cuestiones mías. Nunca fui un buen estudiante, siempre me gustó ser libre, deseaba sacar sexto grado para no ir más a la escuela. Yo lo que quería era pintar, el estudio me mantenía a mí como a raya, en un límite; tenía que ir todos los días a la misma hora y a mí los horarios me fastidian, no me gustan.

En Carora, Expedito Cortez era el director de la “Ramón Pompilio Oropeza”. Recuerdo que ese hombre llegaba a la escuela cuando yo estudiaba sexto grado. Había un cine en la escuela, yo no tenía plata para entrar al cine entonces nos quedábamos en el aula jugando. Expedito, para divertirnos, buscaba unas láminas. Me recuerdo que un día trajo un juguete, le daba vueltas para combinar colores pero ya yo traía la broma de la pintura. Expedito nos puso hasta pintar unos paisajes, yo no sé si él pintará pero nos ponía, nos inducía la idea de artes plásticas que era bastante raro en aquellos tiempos.

En aquellos tiempos para encontrar un pintor en Carora es difícil. Carora es una zona inhóspita para el arte, hay que ser sincero. Uno no entiende todo un portento de gente como Julio T. Arce nace en Carora y fue a estudiar hasta Alemania la pintura; es uno de los valores más grandes de la pintura en el estado Lara.

Yo empiezo a pintar en Carora en el año 71 más o menos. Todavía tengo el cuaderno de sexto grado de un dibujo que hice de la casa que quedaba enfrente. Mi hermano me dijo que cuidara el dibujo porque la casa ya la tumbaron. Y ahí lo tengo.

La pintura me empieza a mí como de doce años a rondar en la mente, tenía que hacerla, sigo pintando, es una necesidad mía que no la puedo dejar. Me tengo que quedar como pintor hasta que pueda, hasta que el cuerpo aguante. 

Hay algo que me impulsa, hay algo parece que uno lo que está es loco, pero llega un momento de que había como una voz que me decía por dentro: “si tú no eres pintor no eres digno de vivir entre la humanidad”. Cónchale, ¿quién me decía eso? Yo sé que soy yo mismo porque yo no creo en extraterrestres ni cosas así, ni en fantasmas. Pero sí creo que había algo que me impulsaba, una fuerza muy extraordinaria. Tener yo que ser pintor cuando no se vendían los cuadros, cuando uno pintaba un cuadro y una persona llegaba y miraba era pa´llá y no miraba pa’ donde estaba el cuadro sino pa’ otras partes, entonces eso molestaba.
La pintura es tan fuerte en mí que luché, luché y luché y hoy por hoy no vivo mejor de la pintura porque no me quiero ir para Caracas o para otros países. A mí me estaban convidando.
En aquellos tiempos tendría razón la familia, viendo a uno que va por una profesión, que va a estar pasando trabajo... pero yo no, era tan fuerte en mí, era tan fuerte que yo luche contra Mamá, contra Papá. La actitud de ellos, en principio, se tornó indiferente porque creían que la cosa no era en serio. 

Cuando me vieron dibujando esa casita y la casa de mi tía no me pusieron cuidao; creían que hasta allí iba a llegar la cosita. Me comenzó a agarrar más y más y ahí si fue verdad que me tuvieron que corregir. Mi hermano mayor me decía: “chico, estudia en la universidad, deja esa pintura”.

Yo pintaba un solo día a la semana, el domingo, porque era el que me quedaba libre. Tenía que trabajarle a una firma comercial aquí en Barquisimeto, donde hacían instrumentos musicales. Entonces, en ese rato libre, yo me ponía a pintar. Me acuerdo que me gustaba estar pintando siempre encerrao en un cuarto y un día me intoxiqué con los colores y juré no pintar más. Me dio una broma muy fea en el cuarto, me encerré, tranqué todo y quedó apenita la puerta abierta, y el óleo intoxica. Por cierto, me puse un poco mal de la mente. ¡Nooo! ¡yo no pinto más! me está llegando una broma mala y esto debe ser la pintura. Me deprimí pues. Al ratico por ahí, me vino otra vez la broma que tenía que ir a terminar el cuadro.

Cuando yo empiezo en la pintura aquí ni se exponía. Aquí los pintores que habían eran Trino Orozco, Requena, Díaz Lugo, y jóvenes me acuerdo de uno: Nelson Bolívar, Lulú Peña – que ya estaba mayor - , Arsenio Torres... Peroeso era un grupito. Ahora no, ahora hay pintores y ojalá que haigan más.


“... yo pinto por amor...”
El amor como yo lo veo es muy diferente, yo no voy a decir que soy un extraterrestre. Hay muchos tipos de amor: el sagrado y el profano. El amor sagrado es el que se le tiene a los hijos, eso viene del amor profano, del amor que uno tuvo con una mujer y le puso un hijo. Pero de ahí nace el amor sagrado, del amor profano.

El universo está hecho a través del amor. Quien hizo el universo lo hizo con bien amor. El agua es cristalina y nos bañamos con aquella frescura, los frutos sazonados, la tierra da vueltas cada tantas horas sin equivocarse, como por un amor, como para que nosotros no nos preocupemos. La naturaleza es hecha por Dios como para que nosotros nos amemos, nos enseña a amar, el agua es para todo el mundo. 

Yo diría que sí creo en el amor. El que niegue que existe el amor está equivocao porque por amor es que vivimos, por amor hacemos todo, yo pinto por amor, dejo eso para la humanidad, eso es parte del amor que le tengo a la humanidad, es dejarle algo, dejarle un recuerdo.

Yo no fui aquel hombre romántico, claro soy normal, totalmente normal. La pintura me tenía más subyugado, así como de que no pueda salirme, de que yo tenía que ser era pintor. Entonces, cuántos amores quizás perdí yo porque la pintura era la que me tenía y todavía me tiene dominao. Todavía soy capaz de seguir perdiendo amores por la pintura. 

Ahora estoy peor de metido en la pintura. Dios no puso a la mujer para abusar de ella, ni sexualmente ni en ningún tipo. Solamente para engendrar de un hombre. Las mujeres las hizo Dios pa’ uno y Dios tiene que comprender que es una necesidad.

Fui un poco tímido con las mujeres, bastante tímido, y esa timidez me ha servido de mucho porque el hombre vagabundo con las mujeres se destruye él mismo. A mí lo que me gusta es trabajar. Tenía un banco aquí, no salía de ese banco. Ahora hice uno peor, hice uno más grande para estar más subyugado al trabajo. La creatividad anula la sexualidad, ta´ comprobao. Al vago le da más tiempo a enamorar y ser romántico.

Mi edad que tengo ahorita no da pa’ estar con tanto de cositas, de querer tener todavía ilusioncitas; soy un tipo muy realista, estoy pa’ quedarme quieto en mi pintura. Yo sé que un hombre hasta de setenta años encuentra una carajita hasta de quince años que quiere vivir con él. Pero yo quiero vivir tranquilo con mi pintura mis últimos años, no tener enrredinas más que las que tengo; ya con mis hijos tengo una muy complicadita, esa es mi ocupación ahorita. Sí creo que hay que tener a alguien en quien pensar, alguien en quien preocuparse, pero yo estoy muy ocupadito con la pintura para estarme preocupando por otra cosita. La pintura me agarra cada día más. Yo nací para pintor y estarme metiendo en otros líos dañarían a la pintura y me dañarían a mí. Es mejor quedarme quietecito.

Cuando yo conozco a la mujer que se casó conmigo yo la dominé un poco y le dije: “mira muchacha, si no te vas de aquí, yo te voy a enseñar quiénes son los grandes músicos, los grades pintores, los grandes poetas. Yo no te voy a dejar escapar de aquí con la misma mente con la que has entrao. 

Mira, a ti te gusta la música de Pedro Infante, yo te voy a poner también música de los grandes maestros. Te voy a poner primero Alí Primera y cosas sencillas, pero después te voy a remontar a que oigas a Beethoven, Bach y a Vivaldi.”

En los hijos míos ninguno se quiere inclinar hacia la pintura, ni les interesa, incluso, ni miran los cuadros. Llegan aquí, me ven pintando, los veo muy indiferentes, ni buscan acercarse. Ninguno me ha dicho: “Papá, yo quiero pintar”. No quieren pintar, ni las hembras ni los varones. 

Mi hijo nació un poco rebeldón pero a ese yo no lo voy a dejar escapar. Yo le he puesto a Beethoven, a Bach, a Chopin, a Haendel y el músico que el más quiere: Antonio Vivaldi. El estuvo en el I.N.A.M y de allá me mandó a buscar la cinta de “Las Cuatro Estaciones” de Antonio Vivaldi. 
Yo con mucho gusto se la mandé. Mi hijo le gusta la libertad, mi hija ya se casó y la otr a es tr anquila, es a no se mete en problemas. Ojalá le gustara la pintura.


“Estoy pintando por una necesidad biológica”
Yo soy partidario de esto: la pintura viene como una intuición en el individuo, es a lgo intuitivo. Ningún tipo que sepa que va a ser pintor tiene porque estar yendo a Europa, y que me perdonen los que han ido. Yo creo que la pintura – sí estaba en mí – voy a pintar así sea feo o bonito, a mí lo que me interesa es pintar, no me interesa que yo sea académico.

El hombre desde que está en el vientre, desde que nace, ya viene inyectado de maluco o de bueno, de pintor o de músico. Yo le pregunté un día a un amigo mío, Manuel Bilquerman, pianista: “¿cuándo empezaste a tocar piano?”. “Mi mamá me decía que yo le tocaba en el vientre”. David pintó unos cuadros y decía que él los pintó desde cuando él veía en el vientre de la madre. Lo llaman visiones intrauterinas. 

Será verdad o será mentira, bueno, allá él.Tengo treinta y tres o treinta y cuatro años encerrao. 

Desde que llegué de Carora me metí aquí. El tiempo pasado y el encierro me han llevado a que no puedo ir a la escuela, además, creo que no estoy dañando a nadie. Si yo pinto sin escuela los demás pintores me caen encima, dicen que yo no soy buen pintor. Estoy pintando por una necesidad biológica, creo aquí más en lo patológico. Por eso, menos mal que hablo con muchos psiquiatras, psicólogos y hasta parasicólogos sobre cuál es el problema de la pintura. La pintura viene siendo el problema patológico del individuo. Ya Pifano, esos médicos me lo han explicado a fondo. 

Yo digo: ¡hay que ver lo que la mente es capaz de crear! Si uno no hace eso es capaz de ponerse loco. Dónde está esa imagen dentro de uno. Esas imágenes no son copiadas, esas imágenes son buscadas en el inconsciente: de noche, mirando un lienzo, casi en la oscur idad, en penumbras, poniendo, quitando, después echar el color. Hay que saberle poner porque después él mismo va hablando también. 

La pintura es viva, ella domina a uno y a veces hay que borrar hasta un cuadro también. El color no es muerto; veo el rojo, el azul, el amarillo que hablan, que son capaces de tener una voz quizás más grande que la que tengo yo, una voz capaz de dominar. Yo he visto gente que viene hasta de Caracas, de otras partes, de otros países a conocerme. Entonces la voz es fuerte porque va y habla hasta en Estados Unidos, por ahí, por Rusia... eso quiere decir que es una voz que se va introduciendo en el mundo y que poco a poco va escalando posiciones, van ayudando a uno a ser conocido, a no ser un desconocido. Hace tres días estuvo aquí un señor que me quería conocer, venía de Mérida. Fue a la exposición que yo hice en Mérida llamada “Sueños y Artimañas”.

Yo cuando estoy pintando no hay goce más grande que cuando están los colores diluyéndose unos con otros, buscando perspectivas, buscando profundidad, buscando objetos, buscando formas, buscando combinar colores que no haiga creado otro... todas esas cosas. Me parece que pintar es un acto – para mí – el principal en la vida, vivo para eso. 

No soy académico soy un pintor libre, además, creo en esto. Quien enseña a pintar es la naturaleza, eso lo dijo Goya. Veo los crepúsculos, veo los árboles... lo que hay que ser es observador. Creo en lo que dice Uslar Pietri: “las cosas no hay que verlas ni´ más así, hay que estudiarlas”. Creo mucho en la rebeldía del pintor y del músico y del poeta. El pintor que no es rebelde y el músico que no es rebelde no son pintores... 

Tiene que haber una rebeldía en contra de los sistemas que están hechos. Cualquiera como pintor viene a hacer lo mismito que hizo fulano de tal, una poesía viene a escribir igual que Godelier, que Tristán Salas, que Bretón, que total... no está haciendo nada por más que escriba bonito. Aquí Ramos Sucre, nuestro gran poeta que yo prefiero, ese si es insuperable. Ramos Sucre, el de Cumaná, que descendía de Antonio José de Sucre.

Estoy en contra de la academia porque priva el estilo y priva la libertad. Yo creo que el estilo propio del pintor es la libertad; no creo en estilos , creo en la libertad del pintor. Un pintor que está atajado, supongamos, al impresionismo, entonces tiene que comenzar a leer el impresionismo y cómo dibujó el impresionista y quiénes eran los impresionistas y tiene que estar a raya. Pero un pintor libre, que carga un lienzo y haga lo que le da la gana sin el interés de exponerlo, ni de venderlo, ni de pasar a la historia ni nada, ese es un gran pintor porque él no está sometido a algo. Ahora, yo admiro más de todos esos pintores que tuvieron tanta libertad y que tuvieron tanta rebeldía como el Caravaggio, Miguel Ángel y El Greco principalmente. El Greco fue el pintor más grande quizás que ha tenido la humanidad. Yo no entiendo cómo estando en una época tan atrasada El Greco logra un estilo que es de ahorita.


“La propia etapa mía es el drama”
De tanto pintar he pintado dos cuadros que me han gustado, los demás ahí los tengo porque son mis pinturas. Pero parece que esa terquedad de tanto pintar de golpe el espíritu dice: “Bueno mijo, te voy a complacer. Hoy te voy a regalar un cuadrito porque eres un terco, eres un porfiao”. 

Entonces la mano pinta una cosa que a uno le gusta. Pero no es todos los días, el espíritu complace a uno una vez cada veinte años. Yo creo que el espíritu es superior a nosotros.
Ahorita yo me siento más responsable con la pintura. La pintura para mí viene siendo la responsabilidad más grande que tengo en este planeta, no tengo otra, me quito toditas. La responsabilidad mía es ser pintor y con eso me siento tranquilo, me siento que estoy cumpliendo la misión que vine a desarrollar en este planeta. Considero que es una necesidad biológica como patológica.

La pintura mía tiene etapas. Yo tuve una etapa muy romántica, muy bellísima. Todavía veo esos cuadros y me sorprende que yo haiga pintao eso, si a mí me gusta el drama, la oscuridad, las tinieblas, los fantasmas... Voy a confesar un poco la verdad. Yo pinté en una época – debe haber sido como en el 68 o en el 70 – unos paisajes que se podían llamar bucólicos. Hay una belleza trascendental, como un lirismo. Ahorita los veo y digo: ¿cómo voy yo a hacer eso? Es como cuando pinto flores. He pintado flores pero son dramáticas, son como flores de papel, no son flores de belleza que da la naturaleza, soy incapaz de poner un ramo de flores y pintarlas.

La propia etapa mía es el drama. Cuando yo llego a pintar una pintura de tinieblas, de oscuridad, de terror, caigo en ese melodrama y no me puedo salir porque eso es un recuerdo de mi infancia.
Baragua es un pueblo dramático, yo viví mi infancia en Baragua y ahí nos metían mucho miedo, habían muchos locos, había que tener las puertas trancadas porque los locos llegaban tumbándole las puertas a uno. De acuerdo a las estadísticas Baragua batía un record, habían dos locos por casa. 

Me crié en un campo así, muy oscuro y echaban muchos cuentos terroríficos. Me acuerdo que un señor muy mayor que venía de Europa vivió en Baragua. Él le echaba muchos cuentos a Papá de la guerra y de problemas así y yo le ponía cuidao.

Hubo un fantasma que salía en Baragua, en el molino. Mamá me decía que él silbaba, lo llamaban El Silbador, muy diferente a El Silbón de los llanos. Y que era una vaina que pasaba por Baragua silbando, según cuentan los viejos. Otro me dijo que era un OVNI, cada quien le busca su vuelta. 

Ya son treinta y pico de años que esa idea está rondando en la cabeza. Se me desarrolló la mente y no hace mucho tuve que pintar treinta cuadros con ese fantasma. Esa es una etapa fantasmal.

Pasé por una etapa azul clarita, muy bonita. Pero yo no soy pintor así. Yo soy pintor de tinieblas, soy pintor dramático, a mí me gusta el drama, no es la violencia; me gusta una pintura donde se refleja un alma que sufre.

Ahorita estoy en una etapa que yo podría decir de una seriedad. No quiere decir que yo antes pinté cómicamente y que no fui serio. Tuve una etapa muy seria, tengo un cuadro que se llama “Viajera Fugaz”. Me atrevo a asegurar que esa etapa de la pintura mía es una etapa muy complicada. Pinte: “La Última Pirámide”, “El Tiempo Sonámbulo”, “Observaciones Metaf ísicas”, “Delirio”, “La Fuga”... Yo no tengo esos cuadros aquí, esos cuadros se han ido toditos. Pifano los recogió en diapositivas y a veces me los trae para que los vea. 




“... el dolor es la verdadera escuela.”
Me parece que la escuela del dolor es la verdadera escuela. El hombre y la mujer muy felices no saben nada de la vida, el dolor es la verdadera escuela. Quien siente dolor siente todo porque el placer hay que privárselo. Yo creo que uno debe buscar el dolor para comprender la vida. Bueno, esa es una idea mía. ¿Quién se escapa del dolor? Tú huyes del dolor y más persigue; el dolor nace con nosotros. Hay una teoría budista que dice que nosotros nacemos, hay un dolor, lloramos; comenzamos a crecer, es el dolor; al morir, otro dolor pa’ la familia. Entonces todo es un dolor, aquí el placer es un poquitico. Este es un planeta como de expiación del dolor, aquí se expía todo el mundo a través del dolor. Uno dice: “Hoy sí me va a ir bien”, y le va el día peor. Uno no sabe lo que el destino le tiene deparao para un día, lo agarra lo malo. 

Pero creo en el bien porque dicen “no hay mal que por bien no venga”. Ese es un dicho popular que todo el mundo lo sabe. Dicen los rusos que mejor es lo que sucede, lo que no sucede era porque no convenía y hay que dejarlo así porque lo que sucede es la realidad.
El bien es una preparación que te va a ir mal. Detrás de la cosecha viene la escasez. Cuando uno tiene mucho dinero guarde porque lo que le viene es eneas, si no guarda va a pasar mucho trabajo. La mucha abundancia se paga con la escasez a través del tiempo.


“... y nosotros con la pintura no queremos dogmas...”
Un día al Buda le preguntaron que cómo hizo él para alcanzar el nirvana. El decía: “Mira, búscalo tú de tu forma porque si yo te digo el mío te puedes perder. Búscalo en tu forma, tú también lo encontrarás”.

Así digo yo con la pintura también. Una persona me ve ahí pintando y gusta la pintura mía, ¿por qué tiene que venir a que yo le dé clases de pintura? No lo digo por egoísmo.
Hágalo también. Yo sí pude hacerlo; yo vengo de un monte, pinté el primer cuadro en Carora cuando en aquellos tiempos no existía ni promoción de pintura y de ahí me vengo embromando. Creo que todo tiene que tener un precio.

Para dar clases de pintura se requiere tener demasiados conocimientos académicos y de todo tipo, tener sicología. Un maestro tiene que hasta nacer para maestro y yo no considero que nací para dar clases de pintura, no lo soy y nunca lo haré. Yo nací para pintar nada más y el que quiera pintar que haga lo mismo, ese es mi consejo. Pero no puedo ser maestro de pintura, no me considero jamás y nunca con ese poder para enseñar a otro cuando yo posiblemente, como pintor, estoy en pañales todavía. 

La pintura es como la música y la poesía. Un poeta por más que escribe y escribe, un escultor por más que haga fi guras nunca encuentra una que lo complazca de verdad. Así es la pintura. Yo de tanto pintar he pintao dos cuadros que me han gustao, los demás ahí los tengo porque son mis pinturas. 

Aquí hubo una escuela y tuve muchos amigos ahí que venían aquí, por cierto, mi gran amiga Beatricce Viggianni. Yo fui un día a la “Martín Tovar y Tovar”, ellos me obligaron a juro que fuera a revisar los cuadros de todos los pintores que estaban ahí, y yo con mucho gusto fui y los critiqué. 

Se pusieron bravos conmigo porque les dije que todos se estaban copiando de Simón Gouvernier. Todos tenían como una marca. ¿Por qué querer parecerse a Simón Gouvernier? ¿Quién era él? Yo sé que era un artista, pero un artista no puede imponer su estilo. Obedecer a una escuela es obedecer a un estilo, es obedecer a un dogma y nosotros con la pintura no queremos dogmas, queremos ser libres. Si mi pintura no gusta... bueno, yo no nací para pintar para que gustara.

En Italia Miguel Ángel fue uno de los pintores más grandes del mundo y se mantiene todavía. Miguel Ángel dijo que había que esquivar las escuelas. Los griegos había que sacarlos de Italia a como fuera porque ya estaban hasta aquí de griegos: los capiteles, la arquitectura, la pintura. Todo era griego. Hasta que llega Miguel Ángel y crea lo que llaman el manierismo. A mí me parece que el manierismo fue el que abrió las puertas a todos los estilos que hay en la pintura, en la música, en todo.

David – el que pintó el “Juramento de los Horacios” – hace una copia fiel con unos cuerpos escultóricos. Para pintar como David hay que tener conocimientos científicos, anatómicos, psicológicos y bueno... de todo pues. Pero ya esa escuela había decaído, no hay que seguir pintando como David.

La academia ha tenido sus puntos buenos cuando los pintores eran académicos. El David del que hablaba ahora ¿no fue a una academia? Miguel Ángel también estuvo en academia, Leonardo también. Leonardo veía los cuadros de Simahue, Simahue es su maestro, recibió clases de maestros buenos, de gran calidad. El Beroquio le dio clases a Leonardo pero entonces Leonardo lo superó.


“Nosotros estamos en un ambiente que no nos da seguridad...”
Cuando la fotografía nació dijo Pablo Picasso “la pintura se siente liberada por la fotograf ía”, ¿por qué? porque ahora vamos a crear lo que nos da la gana, ya el ojo mágico de la foto hace ver el paisaje igualitico. Voy ahora a pintar ese paisaje cubista, metafísico, surrealista, cualquier estilo, menos realista. El realismo – según Fernando Botero el gran pintor colombiano – es indominable, nadie domina el realismo. Leonardo tuvo después un estilo, el David también, toditos, porque la realidad es tan avasallante y tan endemoniada que este gran poeta, Ramos Sucre, dijo que la naturaleza dañaba al hombre en vez de ayudarlo lo que hace es dañarlo. Un hombre, en verdad, se pone a ponerle cuidado al sol, cómo amanece pero con esa fuerza tan portentosa que puede eliminarnos cuando le dé la gana, eso da miedo, el cosmos.

Sí creo que la naturaleza en sí no es muy beneficiosa para nosotros, eso tiene un control de Dios. Por ejemplo, una hecatombe, un trueno, un terremoto acaba con una ciudad. Nosotros estamos en un ambiente que no nos da seguridad, ni felicidad, un ambiente trágico, dramático, complicado. La naturaleza al querer dominarla un pintor no puede, se burla de uno. Una cara la pinta cualquiera, una cara muerta allí, con una nariz y unos ojos. Pero una cara como La Gioconda, Miguel Ángel con las Sibilas, esas son caras que te miran, parece que perforan el lienzo y clavan la mirada. Miles de personas hacen cola para mirar la mirada
de la Gioconda. Hay que ver la grandeza de ese cuadro. Ya Leonardo ahí se basaba en medidas que las había descubierto un pintor que se llamó... no recuerdo cómo se llamó, en el año miltrecientos y pico. 

Yo tuve una época pintando realismo, eso es muy complicado. Yo no sé si es que uno busca lo más fácil, no sé qué pasará que el hombre moderno ya no tiene inteligencia para enfrentarse a los clásicos. Cuando hicieron a “Laoconte”, aquella escultura, ese era un sacerdote que lo acusaron y lo mataron con serpientes, Atenea le echó esa maldición, ahí hay un realismo. Cuando Miguel Ángel hace “La Piedad” le criticaron porque en el paño, atrás, hay unos rajuñitos. No puede quedar ni un rajuñito, tiene que ser perfecto, lo que llaman perfectitis aguda. Un tipo que sufre de perfectitis ta’ embromao. Leonardo y que decía que “La Gioconda” tenía que estar allí como viva. Nosotros lo que vemos allí es un cuadro todo dañado, que ya ni se ve. ¡Cómo sería! Hay una anécdota: Cuando Leonardo pintó “La Medusa” El Papa se iba trastornando, Leonardo la pintó tan horrible que el viejo duró varios días traumatizado. Cómo sería el poder de visualización de esa cuestión.

Volviendo al caso del realismo. El realismo no se puede copiar. Fernando Botero dijo que él había creado ese estilo, de sus gordas, porque todos los pintores tienen su estilo.
Cuando El Greco vio “El Juicio Final” de Miguel Ángel él y que dijo que mejor lo hubiese hecho él con los pies. Por eso al Greco lo sacaron de Italia.

“... el pueblo tiene mis cuadros.”
Aquí no hay críticos, aquí hay es comentaristas de arte, aquí se confunde el crítico con el comentarista. Un crítico de arte es Kenneth Clark, Arturo Uslar Pietri, Juan Liscano.

Pero yo vuelvo al caso de mi pueblo que me quiere. Barquisimeto, Caracas, Maracaibo, mucha gente han venido aquí a hablar conmigo, a estar conmigo un rato, de Mérida me quieren a mí. También hay unos que me odian, el amado es odiado siempre, no hay amado que no haya sido odiado. A mí lo que me interesa es el pueblo, no los críticos. Aquí está un crítico, se la pasaba aquí, hasta la alpargata me la retrataba. Después que escala posiciones políticas a él le preguntan mío y dice: “¿quién es ese?”. ¡Cómo es posible si se la pasaba aquí...! Para mí un crítico tiene que desprenderse de todos esos egoísmos. Un crítico tiene que decir quién soy yo, porque yo he trabajado aquí desde que llegué de Carora.

Un día Soto dijo: “los peores azotes de la humanidad son los críticos de arte porque ellos desvían la historia del arte”. Cuando el pueblo quiere a uno... que se olviden los críticos. A mí me quiere el pueblo, yo estoy seguro que a mí el pueblo me quiere porque el pueblo me visita, el pueblo me estimula, el pueblo quiere mis cuadros, el pueblo tiene mis cuadros. Por este lado, usted entra a cualquier casa, lo ricos en Santa Elena, ahí está un Macario Colombo. Entonces yo me siento muy feliz.

El pueblo me quiere y quiere mis cuadros; yo sé que mi pintura es amada por la gente, he visto hasta niños. Aquí han llegado tipos que ya tienen hijos y yo les regalé un cuadro cuando tenían siete años. Me acuerdo que un día estoy pintando un ramo de flores y llega una señora con una niña y yo dije: “bueno, este ramo de flores se lo voy a regalar a esta niña”. Esa niña creció, pasó el tiempo y después vino a conocerme. Ya tiene hasta hijos, ella tiene el cuadro. Esas generaciones van queriendo a uno y no olvidan a uno, uno se queda, no sé cómo hace uno para quedarse entre esa gente.

No hace mucho, este año atrás, me salió un viaje para Italia. Un griego me dijo: “mira, en Italia sí podemos porque allá te tengo y podemos vender mejor esto”. Por cierto, ahí tengo unas cartas que me mandó de Grecia. No chico, déjame tranquilito.

De Caracas vino en estos días uno de la CANTV, un viejo mayor: “mira, vamos a hacer una cosa pues, te pago todo porque yo para estar viniendo pa’ Barquisimeto a buscarte estas cosas... vamos a llevarte para Caracas, allá tu vas a tener todo, yo te pago todo”. Tampoco.

Yo creo en una palabra que dice: “si tú estás bien en un sitio, quédate quieto ahí”. Y yo mejor me quedo quietecito aquí, porque no vaya a ser que allá venga ese viejo y se muere de golpe. Yo soy pesimista un poco, por eso es que no he triunfado en la vida. Soy un tipo con una mentalidad un poco trágica, mis cuadros son con unos colores rojos, fuertes, oscuros, como en tinieblas, como buscando hacia un drama porque mi vida es dramática.

Yo me casé; mi mujer no quiere vivir conmigo, mis hijos tampoco quieren. Pero esa es mi vida; trágica, dramática.



“Yo tenía un proyecto alocado...”
Yo tenía un proyecto alocado; hacer un molino en Baragua pero me faltaban los reales. Tengo por ahí el proyecto de cómo se hacía ese molino para hacerle un homenaje al fantasma de Baragua. Eso pues, se tiene que quedar así porque hace falta muchos reales y yo sé que no hay plata para eso ni para nada. Era una cuestión que con el tiempo podía traer atracción para Baragua. Un molino bastante grande donde iba a tener girando al fantasma.... era una vaina un poco artística para que Baragua tuviera una especie de símbolo.

El fantasma de Baragua da hasta para hacer una película. Nadie sale que del molino fue donde salieron los tipos, estaban viviendo ahí por milenios. Ellos salieron y rondan toda Baragua. En ellos hay el que es músico, el que es médico, el que es poeta, todos los fantasmas esos. Uno de ellos se equivocó un día en el molino y se lo llevó por delante. El molino fingió ser un árbol y cuando el fantasma trató de pasar sacó el aspa y lo mató. Tiene pues, cierta reminiscencia inconsciente de los molinos de Cervantes en el “Don Quijote de la Mancha”.

“Yo no he ganao público solamente con la pintura.”
Soy fabricante de instrumentos musicales, yo le trabajé a los Tamunangueros. El que le hacía los instrumentos más baratos era yo para que tocaran su música, es una colaboración a la cultura.

Ahí está el catire Ángel María Pérez, un gran amigo mío. El catire venía aquí con todo el conjunto. Yo le hacía los cuatros a Silverio Luna, al “chingo” Patricio, a Pedro Brito – que todavía está vivo – Es el único que quedó vivo de ellos. Todos se han muerto. ¿Quién le hacía los cinco y los medio cinco?... yo, para que tocaran su Tamunangue. 

Eso no lo digo yo para sacarlo sino como una verdad que está en la historia mía. Entonces, ese es otro público que yo me gané. Yo no he ganao público solamente con la pintura. 

Ahorita acaba de salir el señor de ahí que viene para que yo le ayude un poco a un violín que se le quebró la diapasón. Yo tengo una comunicación con todos los músicos, hasta con concertistas mundiales. Por lo menos aquí ha venido Darío González, Valmore Nieves, Ángel Morán que es el que más se comunica. Los demás se han puesto un poquito raritos. Ángel Morán es más humilde, está ahorita vendiendo bolígrafos en la veinte.

Entonces no tengo público solamente como pintor sino porque primero fui fabricante de instrumentos. He tenido dos públicos: los Tamunangueros y los músicos. Y vuelvo al caso de que el pueblo me quiere y los críticos yo los dejo quietos. Que sepan criticar, que conozcan la historia de la humanidad, del hombre, desde la pintura rupestre hasta ahorita. Pero estos son tipos que quieren ser críticos porque leen dos libros de Leonardo y leen una colección por ahí y dicen: “¡No..! ya yo estoy listo porque yo sé quién es Leonardo. Para ser críticos les hace falta mucho. Primero desprenderse de los tremendos egoísmos que tienen. Yo, Macario Colombo, digo que el tiempo es el que va a controlar todo lo bueno y lo malo que está pasando aquí.


“... me gusta estar solo...”
Definirse uno a veces puede pecar de pedantería y pueden decir “este tipo si es esto...” Yo no voy a decir que soy maluco ni que soy bueno. Si digo que soy bueno no me lo van a creé, si digo que soy maluco ahí sí me lo creen.

Yo me defino en este momento una persona un poquito huraño, me gusta estar solo, me gusta estar tranquilo, no me gusta mucha compañía. Así me defi no yo ahorita. Una persona un poco solitaria. Me siento solo, pero una soledad buscada por yo mismo y mis familiares me han entendido. 

Soy una persona que a pesar de la soledad no pierdo el equilibrio, me siento bien equilibrado. No creo en la felicidad de todas maneras soy feliz, siento que no me alejo tanto de la felicidad. Así como estoy ahorita aquí estoy feliz, pero me estoy preparando para una infelicidad que me viene porque así es la vida. Si yo estoy feliz ahorita estoy preparado porque dentro de dos o tres horas me va a pasar una vaina mala para acompletar ésta, para equilibrarla. Por eso es que nadie puede estar aquí bravito porque le pasen cosas malas ni buenas. 

Si usted tiene ahorita un día malo mañana será bueno.

La vida no es tan mala como uno cree. A mí no me va a pasar puro drama, puro malo no, no... A mí me van a pasar cositas buenas también. Me siento tranquilo por eso, porque si hoy estoy mal mañana estoy bien.

Creo que uno siempre tiene que estar puyado por bromas que lo impulsan a hacer algo. Tengo que forzarme a trabajar. Creo en la Providencia, soy creyente de la Providencia. La Providencia resuelve todos los problemas, he resuelto muchos a través de la Providencia, de pedirle a Dios 
Grande: Yo soy muy pequeño, soy bruto, yo no puedo resolver mis problemas, Tú tienes demasiada inteligencia. Siempre he creído que Dios es la inteligencia suprema.

Nosotros somos una inteligencia que nos dañamos a nosotros mismos. 

Providencia Divina ayúdanos porque este problemita no lo voy a resolver yo.



Mervin Rodríguez
Octubre 1997-Septiembre 1998

ver / descargar texto pdf en -->  http://www.elperroylarana.gob.ve/phocadownload/suenosysentimientos.pdf 


CONTACTO: Preguntar en Museo de Barquisimeto, Barquisimeto - Edo. Lara





No hay comentarios: